“El burnout, ansiedad y sensación de fracaso personal son cosas parecidas, pero con firmas neurobiológicas distintas”, explica el médico especialista en psiquiatría Diego Sarasola.
■ Ansiedad: es un estado de hiperalerta enfocado en el futuro, con la pregunta “¿qué va a pasar?” como motor regulando a máximas revoluciones.
■ Burnout: es el colapso de ese motor. Ya no hay marcha. Se caracteriza por el agotamiento extremo, la ineficacia laboral y el desapego total. Es un cuadro reconocido médicamente.
■ Sensación de fracaso personal: es la traducción cognitiva y psicológica del burnout. El cerebro sesga el pensamiento hacia lo negativo, interpretando el agotamiento biológico como una debilidad del carácter, agregando a este coctel explosivo, la culpa.
“El burnout y la ansiedad son distintos, pero tienen una raíz común: el agotamiento, que se asocia a la sensación de fracaso personal”, agrega el psicólogo Mel Gregorini.
“El cansancio normal se cura con un buen fin de semana de descanso”, aclara Diego Sarasola, pero “el cansancio patológico no cede con las vacaciones. Se debe consultar a un profesional cuando aparecen tres alarmas: disfunción biológica (alteraciones persistentes del sueño o cambios marcados en el apetito; impacto funcional -el rendimiento decae notablemente o cuesta mucho arrancar el día-; y anhedonia persistente, que aparece cuando las cosas que antes daban placer ya no generan absolutamente nada. Este último es un síntoma de alarma y puede indicar un cuadro depresivo”.
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