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Vuelven las cartas: llega la Tercera Maratón Epistolar por Argentina

Por Francina Lorenzoflorenzo@eldia.com

Durante todo junio, quienes se anoten recibirán una consigna por día hábil — 19 en total — y deberán escribir y enviar una carta real por correo postal. Del otro lado, sus buzones también se irán llenando con las cartas de los demás participantes.

Más que un ejercicio de nostalgia, esta convocatoria es un desafío para la palabra: se elegirán 100 cartas finalistas que serán publicadas en una nueva antología, pero sólo 42 cartas tendrán el privilegio de subir a un podio como ganadoras y recibirán un premio.

Las consignas y las sorpresas de esta edición se revelarán recién el día del inicio. Por ahora, el misterio es parte del juego.
más allá de la pantalla

Hay una sintonía profunda entre la práctica y el pensamiento de Soledad Vignolo. Gestora cultural, directora de talleres en la Universidad del Noroeste de Buenos Aires, creadora del ciclo 12 Poetas por Jueves y exdirectora de la Feria del Libro de Junín, esta autora de ocho libros y 16 antologías sabe que la escritura analógica guarda un misterio único.

En diálogo con El Día sobre este certamen que coorganiza desde Junín, Vignolo (@vignolosoledad) reflexiona: “Escribir con papel, con lapicera, es una experiencia que excede lo intelectual. Tiene algo primitivo porque es una experiencia sensorial, en la que el cuerpo interviene de distintas formas. El trazo también construye la idea, la atraviesa, se interpone y obliga al respiro de la misma, entonces influye también en lo que se piensa antes de llevarlo al papel”.

Es, dice, otro proceso mental, “más lento y elaborado que el tecnológico. Trae aparejadas capas y profundidades que si no se pierden”.

Esa pausa lo cambia todo: la relación con las palabras, con uno mismo, con quien va a leer. “El acto manual del correo epistolar genera dinámicas psicológicas y lingüísticas que la mensajería instantánea no considera”, explica Vignolo. “Pasa de la reacción a la reflexión. La lentitud de la escritura epistolar obliga a pensar la frase antes de plasmarla, lo que reduce la impulsividad. Al no existir un botón de ‘borrar’ inmediato, se seleccionan las palabras con mayor cuidado y riqueza”.

Y el papel tiene sus propias reglas: “El espacio limitado invita a estructurar el pensamiento de forma ordenada y narrativa, convirtiendo el mensaje en una pequeña obra”.

Una carta, un espejo, una huella

Escribir también devuelve algo de cada uno. Para Soledad, el género epistolar “funciona estimulando la introspección, nos refleja. Escribir una carta funciona como un diario personal compartido; te obliga a organizar tus caos mentales para que otra persona los entienda”.

Y queda. “La caligrafía, los tachones y la presión del bolígrafo reflejan el estado de ánimo real del emisor en ese momento exacto”, dice. “Al enviar una carta, se deja una huella física e inalterable de quién eras en el momento de escribirla. En lo escrito y en la mano sosteniendo papel y sobre”.

Del otro lado, quien recibe también gana algo que una notificación no puede dar. “Recibir una carta es albergar un objeto que el otro tocó y dedicó exclusivamente para uno, lo que genera una cercanía física tangible”. Y en la espera hay una enseñanza casi contracultural: “Al leer una carta larga, no puedes interrumpir; te obliga a recibir el argumento completo del otro antes de formular tu propia respuesta. Funciona, entonces, como un aprendizaje en esta época donde comunicarnos se volvió un reto”.

De Salta a Río Gallego

En las dos ediciones anteriores  -2024 y 2025- participaron personas desde Salta hasta Río Gallegos, pasando por Mendoza, Corrientes, Santa Fe, Rosario, San Juan, San Martín de los Andes, La Pampa, Balcarce, San Luis y los más distintos barrios de Buenos Aires. 

Hubo intercambios que nadie esperaba. Nacieron dos antologías. Escritores como Mariano Quirós, Luis Mey e Inés Garland se sumaron para sorprender a los maratonistas. Y en la segunda edición se tendió un puente especialmente emotivo: los participantes les escribieron a mujeres privadas de su libertad en el Penal de San

Martín, quienes desde el encierro pudieron, a través de esas cartas, asomarse al mundo exterior.
nunca recibieron un sobre

Hay algo que entusiasma especialmente a las organizadoras cuando piensan en esta tercera edición. “Lo que más nos entusiasma”, dice Vignolo, “es que las nuevas generaciones, esas que nunca recibieron un sobre, que no conocieron al cartero, descubran el género epistolar y lo vivan. Esperen, se emocionen y tiemblen leyendo cartas de un otro que pensó en ellos”.

Inscripciones y consultas: hay tiempo hasta el 29 de mayo a través de maratonepistolar@gmail.com.

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