En un contexto revelador de que la violencia de género y los femicidios no ceden en el país, en el que también sobresale la necesidad de consolidar en la población una cultura que respete la plena igualdad de las mujeres con los varones, una vez más miles de mujeres marcharon en distintas ciudades del país para protestar contra el crimen de la adolescente cordobesa Agostina Vega, de 14 años de edad, y de la joven misionera de 17 años, Dulce Candia.
Al igual que ocurrió cuando se registró la primera movilización por el femicidio de Chiara Pérez en 2015, en nuestra ciudad también tuvo lugar ahora una multitudinaria concentración del colectivo “Ni Una Menos” para protestar contra la violencia machista que, en lo que va del año, ya causó 105 femicidios, es decir el asesinato de una mujer cada 35 horas.
Como se sabe, estas convocatorias reúnen habitualmente a organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles y de derechos humanos que, en el caso de La Plata marcharon desde distintos puntos de la Ciudad hasta Plaza Moreno, donde se realizó el acto central con la visibilización de los reclamos, tal como se señaló en la crónica periodística.
Según se detalló, del total de casos registrados en los primeros cinco meses del año, 80 corresponden a femicidios directos; mientras que se contabilizaron además 5 femicidios vinculados; 3 travesticidios/transfemicidios; 12 asesinatos en contextos de narcotráfico y crimen organizado y 5 suicidios femicidas. Además hubo un crimen de odio; 5 muertes violentas asociadas al género y quedan 14 casos bajo investigación.
Otro de los datos que más preocupación originó es la cantidad de hechos que no llegaron a consumarse: el relevamiento registró 420 intentos de femicidio, una cifra que evidencia la magnitud de la violencia ejercida contra mujeres y diversidades y la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección.
El atraso mayor, como se ha dicho, parece seguir estando en el plano cultural, con una sociedad que aún no ha comprendido en forma cabal los diversos grados de violencia y discriminación que siguen acechando a las mujeres.
Es impropio considerar que estas campañas son inefectivas. Existieron consistentes avances, pero aún teóricos muchos de ellos, que no se traducen todavía en hechos positivos concretos. La distancia entre esas buenas intenciones y la realidad sigue siendo muy grande y esa brecha debe cubrirse. Mientras tanto, las mujeres continúan como víctimas indefensas de crímenes, golpes, amenazas, malos tratos psicológicos y físicos.
Es verdad que es preciso dar pasos efectivos hacia la vigencia de una nueva visión sobre el tema y que, también, falta aún consolidar convicciones –y, esencialmente, una educación temprana sobre los niños y jóvenes- plenamente comprensivas de lo que se requiere para igualar totalmente los derechos de ambos géneros.
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