Un informe publicado en ediciones anteriores reflejó las protestas de vecinos de un sector de Gorina por la modificación y recorte del itinerario de la línea de ómnibus 273 que tendrán su punto de finalización del sentido “Ida” en la intersección de las calles 489 y 133, algo que dejará sin servicio a muchos pobladores radicados más allá de ese lugar. Pero el problema allí suscitado suele presentarse desde hace años en otros lugares de la Región.
La noticia generó malestar y quejas entre los vecinos de Gorina. El recorte del tramo final del recorrido golpea a los habitantes de urbanizaciones más alejadas, como la del barrio Colinas del Sol.
Según explicaron los usuarios afectados, el nuevo límite de finalización los obliga a caminar más de 20 cuadras a la intemperie para poder acceder a otra alternativa de transporte público.
A este complicado panorama de conectividad se le suma –en el caso de las zonas que siguen siendo servidas por la línea 273- otra crítica recurrente, ya que los vecinos denuncian que las modificaciones realizadas no contemplan la necesidad de ampliar los horarios de circulación ni de sumar frecuencias en las primeras horas de la mañana, obligando a los vecinos de Gorina a exponerse a largas esperas en plena vía pública.
A grandes rasgos debe reiterarse que los micros de todo el Gran La Plata necesitan cumplir con mayor justeza, pautas referidas a los itinerarios, a la eficiencia, la puntualidad y a un mayor confort. Se trata entonces de modernizar una prestación que resulta ser indispensable para asegurar una mejor calidad de vida a la población.
En cuanto a los recorridos el problema no concierne únicamente a zonas de la periferia. En el casco histórico de La Plata no faltan barrios totalmente desatendidos, en situaciones que obligan a los vecinos a caminar muchas cuadras hasta llegar al circuito por donde pasan los colectivos. O a tomar dos micros para poder llegar al centro, con los costos que ello significa.
Se impondría, entonces, la necesidad de revisar a fondo y mejorar el diagrama de los itinerarios de cada una de las líneas. Se sabe desde hace mucho que existe superpoblación de unidades en avenidas como la 7, mientras que otras que atraviesan zonas también densamente pobladas carecen del servicio de colectivos.
Desde luego que la variable económica interesa y con razón a los empresarios, pero las reglas de juego en el servicio de ómnibus de cualquier ciudad o distrito no debieran apartarse de la premisa de que los viajes de las distintas líneas debieran ser suficientes para todos los pasajeros e iguales a lo largo de los doce meses del año.
Ninguna excusa puede justificar que miles de persona, de toda edad, sexo y condición, deban aguardar horas para tomar un micro y llegar a sus destinos. Eso que es básico, debería verse acompañado, como se dijo, por la modernidad de una prestación que brinde seguridad y confort.
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