El informe educativo acerca de que en los sectores sociales medios de nuestro país el 71 por ciento de los chicos de 3 años de edad ingresa al sistema educativo, mientras que en los hogares más vulnerables la proporción cae a cuatro de cada diez –esto es, que menos de la mitad de los chicos más pobres comienza el jardín- implica la presencia de desigualdades profundas y la necesidad de que el Estado preste total atención a ese problema.
La brecha se profundiza a los 2 años. A esa edad, apenas el 10 por ciento de los niños de la franja más pobre accede a algún espacio educativo, frente al 44 por ciento de los sectores más ricos: una diferencia de 34 puntos porcentuales. Y en el plano regional, la comparación también es desfavorable para Argentina: a los 3 años, el 41 por ciento de cobertura en el sector más vulnerable contrasta con el 49 por ciento de México, el 55 por ciento de Perú, el 57 por ciento de Chile y el 82 por ciento de Uruguay.
Tales datos, reproducidos en la edición de la víspera, surgen del último informe de Argentinos por la Educación, que compara la cobertura del nivel inicial en Argentina, Chile, México, Perú y Uruguay. Aunque el estudio revela que, a escala nacional, el 55 por ciento de los niños de 3 años asiste al jardín, esa cifra promedio oculta desigualdades profundas según el nivel socioeconómico del hogar.
Si bien la obligatoriedad escolar, de acuerdo al artículo 16 de la ley de Educación Nacional 26.206 dispone que “en todo el país se extiende desde la edad de cuatro (4) años hasta la finalización del nivel de la educación secundaria”, es decir que comprende a la educación inicial (4 y 5 años), primaria y secundaria, es de suyo que los avances pedagógicos aconsejan un comienzo temprano que, en el caso de nuestro país, se cumple en forma muy parcial. Una especialista señaló que “la asistencia a la educación inicial en contextos de pobreza actúa como un catalizador del entorno familiar: los niños y las niñas que asisten reciben significativamente más estímulos en el hogar -cuentos, canciones, juegos y rituales afectivos como festejar el cumpleaños- en comparación con sus pares del mismo nivel socioeconómico que no asisten”.
Los especialistas también advierten que la baja cobertura en los sectores más pobres no sólo es un problema de acceso, sino que impacta en el entorno familiar, en el desarrollo del lenguaje y en las capacidades cognitivas en una etapa clave.
Una de las metas filosóficas de la obligatoriedad escolar y de la educación pública argentina, que fue de vanguardia en el mundo durante muchas décadas, consistió justamente en fijar igualdad oportunidades para todos los chicos, unificándolos en una enseñanza común, capaz de formarlos para afrontar los aprendizajes.
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