La investigación por la desaparición de Agostina Madeleine Vega tuvo un desenlace trágico este sábado, cuando las autoridades encontraron restos humanos en un amplio predio del barrio Ampliación Ferreyra, en Córdoba. La joven, de 14 años, era buscada desde hacía una semana. Por el caso permanece detenido Claudio Barrelier, señalado como la última persona que estuvo con ella.
Agostina había salido de la casa de su madre, Melisa Heredia, en el barrio General Mosconi, el sábado pasado cerca de las 22.30. Vestía un jean negro, un buzo bordó y zapatillas blancas. Desde entonces, su familia inició una intensa búsqueda que incluyó marchas, pedidos de colaboración y reclamos para acelerar la investigación.
Sus padres estaban separados y fue el entorno materno el que encabezó los pedidos para encontrarla. Durante las movilizaciones, familiares y allegados la recordaron como una adolescente alegre, afectuosa y muy confiada.
“Agostina era una nena muy querida por todos nosotros”, expresó su abuelo Gabriel durante una de las marchas realizadas en Córdoba. En la misma línea, su padre, Gabriel Vega, contó que recibió la noticia de la desaparición mientras viajaba hacia San Luis y aseguró que haría todo lo posible para encontrarla.
El hombre describió a su hija como una joven sociable y confiada. Según relató, solía advertirle sobre los riesgos de confiar demasiado en personas que no conocía, aunque destacó que esa actitud formaba parte de su forma de ser.
La reconstrucción realizada por los investigadores indica que la adolescente tomó un remís con destino al barrio Cofico, donde vive Barrelier. De acuerdo con la hipótesis de la causa, iba a encontrarse con el hombre para darle una sorpresa vinculada a su madre.
Las cámaras de seguridad registraron a Agostina en las inmediaciones de la vivienda del sospechoso. Sin embargo, no hay imágenes que la muestren saliendo del lugar. En una segunda declaración, Barrelier reconoció que la joven estuvo en su domicilio y sostuvo que luego se retiró en un automóvil rojo.
Los investigadores detectaron además movimientos que consideran relevantes. Entre el sábado y el lunes, el acusado habría intentado conseguir dinero y un vehículo para desplazarse. Finalmente obtuvo un Ford Ka negro, con el que fue registrado por distintas cámaras de seguridad.
El seguimiento de antenas telefónicas y registros audiovisuales permitió ubicarlo posteriormente en la zona de Ampliación Ferreyra, donde finalmente se produjo el hallazgo de los restos. Aunque el sector carece de un sistema amplio de vigilancia, una cámara registró su ingreso y posterior salida del lugar.
Tras el descubrimiento, la causa entró en una nueva etapa. Ahora la Justicia busca determinar con precisión qué ocurrió en la vivienda del acusado y reconstruir los movimientos previos al crimen. Según la principal hipótesis de los investigadores, el sospechoso no habría actuado siguiendo un plan previo, sino de manera improvisada.
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