Estamos justo a la mitad del siglo 21 y todavía recordamos aquellos días del 2026. Teníamos 10 y 8 años y nos llamamos Hilario y Simona.
Pleno Mundial de Futbol, un mundial inolvidable para los argentinos. A Egipto lo conocíamos por las pirámides. Buscamos en el globo terráqueo y descubrimos Cabo Verde. El partido con Inglaterra, casi nos deja sin respiración. Disfrutábamos de aquellas viejas trasmisiones de televisión con unas imágenes que todos veían como espectaculares. Para esa época, si, lo serían pero nada que ver con la tecnología de ahora. Estamos en el 2050. Aquello era vistoso pero lo de ahora es lo máximo, supuestamente. Recordamos que estaban de moda unas cajitas rectangulares que se llamaban teléfonos celulares. La IA era una novedad y algunos compraban autos eléctricos, hoy pasados de moda.
Han pasado casi 25 años . Dicen que todo ha evolucionado en forma vertiginosa. Es verdad. No vamos a decir “todo tiempo pasado fue mejor” pero aquello que, hoy adultos no podemos olvidar, nos pegó fuerte.
Qué lindo fue disfrutar a esa edad del Mundial 2026. Siempre recordamos aquellos partidos emocionantes. Conocimos y “participamos” del histórico banderazo en el Times Square. Dimos vueltas por New York. Hasta nuestras abuelas saltaban, nos abrazábamos, festejábamos con cábalas y palabras irreproducibles pero muy jocosas. ¡Qué goles aquellos! Sobre todo los de los últimos minutos. Junio y julio del 2026 fueron meses inolvidables. Y mas si habíamos completado el álbum de figuritas con una enorme cantidad de jugadores conocidos, desconocidos y hasta con nombres muy raros.
El partido final fue durísimo. Nos quedamos frente al televisor llorando la derrota. Eran las lágrimas de dos chiquitos a los que les dolía mucho eso que los grandes llaman frustración. Enseguida papá y mamá nos abrazaron muy fuerte y nos dieron consuelo, como habrá pasado en tantos hogares casi al mismo tiempo. Nosotros y esos chicos jamás olvidaremos lo que nos tocó vivir a esa edad. Ahora, a mitad de siglo, somos adultos. Tenemos otras vivencias y otras responsabilidades con otras costumbres y con otro estilo de vida. Pero aquello no se borrará jamás de nuestros corazones. Bueno, mezclamos realidad con imaginación...Así de simple.
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