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La escritura como supervivencia: cuando del dolor nace literatura

En “Fetiche y otros cuentos”, la escritora platense convierte el sufrimiento, la ansiedad contemporánea y las decepciones íntimas en relatos atravesados por la sensibilidad. Una pausa del presente

Por Redacción

Hay libros que nacen de una idea y otros que parecen emerger de una necesidad vital. “Fetiche y otros cuentos”, el segundo libro de la escritora platense Agustina Naveyra -presentado la semana pasada en la Ciudad-, pertenece a esta última categoría.

No fue concebido como un proyecto calculado ni como una obra diseñada bajo una estrategia editorial. Más bien apareció como aparecen ciertas confesiones: de madrugada, después de una decepción, en el silencio posterior a un golpe emocional o en el instante en que algo de la realidad se resquebraja.

LA SALVACIÓN

Naveyra habla de la escritura como quien habla de un refugio. Dice, en el estudio de EL DIA, que escribir “la salvó” y que se considera, en muchos aspectos, “una sobreviviente”. La palabra no aparece en un sentido solemne ni heroico. Habla de sobrevivir al amor, a las pérdidas, a las expectativas incumplidas, a la conciencia que castiga y a la experiencia de vivir sola en un mundo que exige productividad constante. En sus relatos, esa sensación se traduce en personajes y escenas donde lo cotidiano adquiere una densidad emocional inesperada.

“No es fácil la vida para alguien sensible”, dice en voz alta durante la entrevista. Y la frase queda suspendida como una posible clave de lectura del libro.

En Fetiche y otros cuentos hay textos que nacieron como reflexiones, otros como impulsos narrativos y algunos que incluso fueron publicados previamente en medios digitales platenses. Pero el volumen encuentra unidad en una sensibilidad común: la de alguien que mira el mundo contemporáneo con cierta incomodidad, tratando de entender qué se perdió en medio de la velocidad, las pantallas y la ansiedad.

La propia autora reconoce que muchos de sus escritos fueron durante años “autocensurados” y quedaron guardados “en el ropero” de su casa. Publicarlos implicó romper parcialmente con ese mecanismo de control. “Estoy trabajando en transformar la autocensura en fe”, explica, casi como si hablara del germen de un futuro tercer libro.

SOBRE LA OBRA

El título también surge desde una herida transformada. Naveyra cuenta que una observación que recibió fuera del ámbito sexual le produjo un daño profundo y que decidió apropiarse de esa palabra —fetiche— para convertirla en literatura. “Fijate cómo el arte transforma”, dice. Aunque el cuento principal tenga una carga erótica, aclara rápidamente que no se trata de ello. Lo importante está en otra parte: en la carga simbólica, en aquello que el deseo y las obsesiones revelan sobre las personas.

El libro también dialoga con una crítica al presente. En varios momentos de la conversación aparece la idea de una sociedad dominada por la inmediatez. Naveyra menciona desde los relojes que corren durante un examen hasta las aplicaciones que obligan a hacer todo en segundos. En ese contexto, reivindica gestos mínimos y lentos: leer un libro en silencio, preparar un mate en una pava común, observar el fuego mientras el agua se calienta.

“La valentía de sentarse en soledad con un café, un mate o un té y abrir un libro”, resume, retomando una idea de la prologuista de la obra.

Hay algo profundamente contracultural en esa defensa de la atención plena. En tiempos donde todo parece diseñado para acelerar, Fetiche y otros cuentos propone detenerse. Incluso cuando habla del dolor o de la ansiedad, el libro intenta escapar de la lógica de consumo rápido. Naveyra entiende la lectura como una experiencia que todavía puede rescatar al sujeto de la dispersión permanente.

PERDER EL CONTROL

Su formación como acompañante terapéutica también aparece, aunque de manera indirecta, en la construcción de los relatos. Ella misma reconoce que muchas personas le preguntan si es psicóloga. Se psicoanaliza desde muy joven y ha leído extensamente teoría psicológica. Sin embargo, asegura que no escribe desde un marco teórico consciente. Más bien parece tratarse de una mirada entrenada para percibir fisuras emocionales, pequeñas obsesiones y contradicciones humanas.

En uno de los momentos más reveladores de la entrevista, la autora recuerda una escena mínima. Había salido arreglada rumbo al trabajo cuando una lluvia inesperada arruinó su maquillaje y su peinado. Al llegar, una de las personas que acompañaba le dijo: “Te decoró la lluvia”. Naveyra convirtió esa frase en una metáfora sobre todo aquello que irrumpe y desarma los planes cuidadosamente construidos.

Esa idea atraviesa también el libro: la imposibilidad del control absoluto. El famoso “machete” que llevó a la entrevista y nunca leyó termina funcionando como símbolo involuntario de eso mismo. La literatura, parece decir Naveyra, ocurre justamente cuando algo se sale del guion.

La publicación de Fetiche y otros cuentos también implicó asumir el riesgo de exponerse. “Cuando uno publica, ya no es de uno, es de todos”, afirma y reivindica otra lógica: la autenticidad, el encuentro con el lector y la posibilidad de “seguir siendo uno mismo”.

Quizás por eso el libro no busca ofrecer respuestas cerradas ni moralejas evidentes. Lo que propone es otra cosa: abrir preguntas sobre la soledad, el deseo, el tiempo y la sensibilidad contemporánea. Y hacerlo desde una escritura que no teme mostrarse vulnerable.

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