El apellido Barros Schelotto está, hasta el día de hoy, estrechamente ligado a Gimnasia. Una historia de amor que comenzó mucho antes del debut tanto de Guillermo como de Gustavo, cuando en 1985, ambos comenzaron a “hacerse de abajo” para llegar a la Primera División tripera.
El debut en la máxima categoría, llegaría seis años después, cuando el 6 de octubre de 1991, en el viejo estadio de Independiente, la Doble Visera, Guillermo ingresó en el complemento, cuando el Lobo se impuso 3-2 ante el Rojo. A pesar de en esa ocasión saltar al campo de juego desde el banco de suplentes, sería cuestión de días para que terminara siendo titular con la camiseta albiazul, la cual vistió a lo largo de seis años en su primer ciclo. El primer gol con la camiseta azul y blanca lo convertiría nada menos que ante River tiempo después, en marzo de 1992.
Antes de partir a Boca, el atacante tripero le anotaría tres goles al Xeneize en el recordado 6-0 como visitante en la Bombonera. Además, obtendría la Copa Centenario y formaría parte de varios de los planteles del inolvidable ciclo de Carlos Timoteo Griguol, donde durante varios años fue protagonista y animador del campeonato argentino.
Tras su paso por la escuadra azul y oro y el Columbus Crew de la MLS, retornaría en 2011, con Ángel Cappa como DT y convertiría tres goles antes de colgar los botines, para cerrar su carrera como futbolista en el club que lo vio nacer.
Un año después, con su asunción como DT en Lanús, comenzaría la ilusión del hincha de Gimnasia, que sueña con algún día verlo con el buzo de director técnico albiazul en el banco de suplentes del estadio Juan Carmelo Zerillo.
Pese a la espera, siempre que su profesión se lo permite, Guillermo se da una vuelta por el Bosque para seguir al club de sus amores y ver a su hijo Nicolás, actual integrante del plantel tripero que conduce Ariel “Pata” Pereyra.
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