El clásico de Manchester terminó con una fuerte polémica arbitral y una admisión inesperada: el organismo encargado de los árbitros en Inglaterra reconoció que el VAR se equivocó al validar el gol de Erling Haaland que le dio el triunfo por 1-0 al Manchester City sobre el Manchester United.
El encuentro, disputado en Old Trafford, tuvo como protagonista a una acción en la que también quedó involucrado el argentino Enzo Fernández. El delantero noruego había convertido a los 60 minutos, pero el árbitro Michael Oliver había anulado inicialmente el tanto por una supuesta posición adelantada.
Tras la revisión del VAR, se determinó que Haaland estaba habilitado, ya que el defensor del United Patrick Dorgu lo mantenía en posición legal. Sin embargo, la jugada tenía otro elemento que terminó siendo determinante en la controversia: Enzo Fernández estaba en posición adelantada e intentó intervenir sobre el centro antes de que la pelota llegara a Haaland.
El organismo Pro Referees reconoció posteriormente que el VAR no evaluó correctamente la posible incidencia del argentino en la acción. Según explicaron, Fernández no llegó a tocar la pelota, por lo que la situación requería una interpretación subjetiva sobre si su posición y su intento de jugar el balón habían afectado a los defensores.
"El VAR no reconoció el probable impacto de su posición y debería haber recomendado una revisión en el campo", fue la conclusión del organismo arbitral, que además informó que se comunicó con el Manchester United para reconocer el error de juicio y que realizará una revisión del incidente.
La decisión había generado fuertes críticas inmediatamente después del partido. Michael Carrick, entrenador del Manchester United, cuestionó duramente el accionar de los árbitros y manifestó su desconcierto por la intervención del VAR.
"Simplemente no lo entiendo", expresó el técnico, quien puso en duda que, con todos los recursos tecnológicos disponibles, los árbitros no hayan podido tomar la decisión que consideraba correcta.
La polémica se produjo en un partido que ya había tenido otro momento determinante: el Manchester City jugó con diez futbolistas durante buena parte del encuentro después de la expulsión de Phil Foden en el primer tiempo.
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