Ganó y es lo más importante. No brilló pero sumó el triunfo que le servía para tomar la pequeña diferencia. Boca derrotó 1-0 a San Pablo por el partido de ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana y ahora tendrá que revalidarlo en el estadio Morumbí para ser semifinalista otra vez. No le sobró nada pero logró la diferencia que le da algo de tranquilidad pero nada de seguridad. Logró lo que quiso.
En el primer tiempo Boca no pudo imponer condiciones porque la visita le manejó la pelota en buena parte del período, principalmente en los primeros 25 minutos, cuando llegó la pausa de rehidratación pese al intenso frío. No pudieron Ascacibar ni Belmonte en esa mitad de cancha y San Pablo atacó mucho por las bandas, complicando las subidas de Blanco y Lozano.
De todos modos los brasileños nunca pudieron generar una situación muy clara de gol, más allá de un cabezazo que Montero desvió fácil al córner y un remate de Calleri que al abrir mucho su botín derecho la tiró afuera. Le faltó profundidad pese a manejar la pelota la mayor parte del tiempo.
En tanto que el Xeneize empezó a avisar que estaba en partido luego de ese comienzo imperfecto. Paredes pudo meter sus clásicos pases profundos entre líneas, Alan Velasco la pidió un par de veces adentro del área y algún centro de Blanco pudo encontrar alguna cabeza salvadora. Pero no llegó, en un marco de extrema paridad y tensión. Fue un partido típico de copa y dos equipos muy tradicionales. El local tuvo menos la pelota pero con pocos toques pudo llegar al área de enfrente, del otro lado un rival rápido pero con poca presencia adentro del área. Además cambió a Flores a la derecha y a Velasco a la izquierda.
En el inicio del segundo tiempo Boca pareció estar mejor, con otra actitud y posicionándose unos metros más adelante, ganando los duelos y las pelotas divididas. La gente empujó y entonces el mejor momento en el partido, por primera vez con sensación que podía llegar el gol.
Y llegó nomás a los 7 minutos luego de una contra y un gran gesto de Leandro Paredes que abrió las piernas para dejar a Ascacibar, Velasco y Blanco en posición de ataque. Entonces Miguel Merentiel definió tras un centro de Lautaro Blanco; el arquero Rafael tapó el primer remate, pero el uruguayo no perdonó en la segunda instancia.
Luego el Xeneize reguló las c argas y las energías. NO atacó desesperadamente para buscar el segundo gol sino todo lo contrario. Pero lo sorprendente fue que la visita tampoco salió a buscar el empate sino que se fue conformando con perder por la mínima .
El triunfo le sirvió a los del Vasco Arruabarrena para lograr la diferencia que tendrá que defender el próximo martes en el Morumbí, donde ya supo ser campeón de América.
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