Estudiantes perdió porque jugó mal. La simpleza del diagnóstico es tan grande que contempla lo sucedido en UNO.
Inseguro en defensa, carente de vigor y de creatividad en el medio y sin la peligrosidad que suele mostrar jugando como local, el equipo del “Cacique” Medina tuvo un debut frustrado que le deja unos cuantos puntos por mejorar.
Teniendo sólo un jugador destacado (Santiago Núñez), se le hizo imposible establecer condiciones en una pulseada que lo mostró tan ineficaz como impreciso.
Lo que habitualmente hace jugando en su estadio, acorralar al oponente de turno, quedó pendiente y sólo en los primeros veinte minutos del segundo tiempo esbozó un dominio al que le faltó bastante claridad.
EL PRIMER TIEMPO DEJÓ EN CLARO QUE EL LEÓN NO ESTABA LÚCIDO
No sembró entusiasmo ni conformismo lo hecho por Estudiantes durante el primer tiempo. Un tanto permeable en defensa, donde necesitó de la eficacia de Núñez y de Muslera para mantener el cero en el arco propio, y falto de sociedades y de chispa creativa en ataque, el León no convenció.
Joaquín Tobio Burgos fue el más criterioso para atacar. El resto estuvo trabado. Meza y Palacios aportaron casi nada a la hora de pasar a ocupar posiciones ofensivas.
Santiago Núñez fue el mejor en un León ineficaz en todas las facetas. El inicio causó decepción
Con criterio, no mucho más, el huésped se las ingenió para ir al descanso sintiendo que estaba mejor perfilado en un trámite escasamente seductor. Nadie sabía qué iba a ocurrir en el segundo tiempo, pero habían sido evidentes las limitaciones del Pincha para aparecer como el que habitualmente es jugando de local.
LA MALA EJECUCIÓN DE CARRILLO LE BRINDÓ MÁS ENERGÍA AL VENCEDOR
Cuando Dóvalo sancionó, sin dudar, el penal de Godoy a Brian Aguirre, la multitud creyó que, por lo menos, se iba a llevar un punto. Lejos estaría de lo pretendido, aunque infinitamente menos cruel que todo lo sembró la derrota.
Guido Carrillo, emblema indiscutido de este equipo, ejecutó sin convicción y desnudo de confianza. No es la primera vez que desentona en esa instancia crucial. El resultado de su acción fue el lucimiento de Rodrigo Rey y un envión anímico invalorable para terminar de convencer al huésped de que se podía quedar con todo.
El segundo gol sólo sirvió para ratificar sensaciones a las que no les faltaba nitidez.
Salvo el siempre rendidor zaguero que, merecidamente, hace ya un tiempo recuperó su lugar como compañero de dupla de Leandro González Pírez, no hubo otro rendimiento individual que valiera la pena resaltar.
Tiago Palacios, Funes Mori, Eric Meza, Ezequiel Piovi y Tomás Palacios estuvieron en el escalón más bajo de una formación que ya reclamaba variantes al final del primer capítulo.
Semejante paso en falto lo obligará a una autocrítica interna severa, donde no puede haber suavidad en los diagnósticos que se vayan elaborando.
Pensando en Defensa y Justicia, pero teniendo en la cabeza el cruce con Universidad Católica por el objetivo que más lo seduce, Medina tendrá que tomar decisiones. Fue inusual observar a Estudiantes desnudo de eficacia. Su imagen oscureció peligrosamente en un momento inapropiado. Después de un extenso receso, volvió a escena en un nivel decepcionante. Es cierto que fue sólo el inicio. Tanto, como que sembró fuerte preocupación.
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