En una noche que parecía destinada al sufrimiento pero terminó en idilio, el Atlético Mineiro comandado por Eduardo Domínguez firmó una remontada histórica. Derrotó agónicamente por 2-1 a su archirrival, Cruzeiro, en la vuelta de los cuartos de final, sellando su boleto a las semifinales de la Copa de Brasil con un global de 3-2.
El triunfo definitivo llegó justo el 1 de septiembre, día de su cumpleaños número 48, extendiendo además una impresionante racha invicta de 14 partidos consecutivos sin conocer la derrota.
Cruzeiro golpeó primero a los 30 minutos del primer tiempo gracias a un gol de penal de Kaio Jorge. Con el marcador en contra, el nerviosismo se apoderó de los locales y la propuesta inicial del DT argentino parecía diluirse frente a un rival replegado y combativo. Sin embargo, el punto de inflexión del superclásico de Minas Gerais ocurrió a los 15 minutos del complemento. El defensor argentino de Cruzeiro, Lucas Villalba, vio la tarjeta roja tras recibir una segunda amonestación. A partir de allí, Domínguez movió el banco con audacia y ordenó adelantar las líneas de un Galo que se volcó por completo al ataque. La recompensa llegó a los 32 minutos con la aparición del ingresado Víctor Hugo, quien desató la locura al anotar el 1-1. No conformes con forzar los penales, el Mineiro asfixió a su oponente y, a falta de solo tres minutos para el final, Fred conectó el balón de manera heroica para estampar el 2-1 definitivo y desatar la fiesta en las tribunas.
El presente de Domínguez roza la perfección, pero el camino no fue una autopista directa al éxito. Bernard, referente del mediocampo, reconoció tras el partido las dificultades del proceso de adaptación: “Al comienzo del trabajo nos costó un poco entender lo que nos pedía. El fútbol brasileño quiere resultados inmediatos y no siempre funciona así. Ahora compramos lo que propuso”.
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