Hay rivalidades de noventa minutos y otras que atraviesan décadas. La disputa con ingleses pertenece a esto último, y más de dos siglos. Ya habían escrito capítulos de enfrentamientos desde las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 en adelante. Con el tiempo, esa tensión política y diplomática encontró en el fútbol un escenario ideal para transformarse en banderas, himno, tatuajes, orgullo, honor, memoria y pedido de justicia.
El Mundial de Inglaterra de 1966 dejó una herida abierta con la "expulsión" de Antonio Rattín y la sensación de que los árbitros favorecían a los ingleses. Dos años más tarde, la final de la Copa Intercontinental entre Estudiantes de La Plata y Manchester United profundizó ese sentimiento. La prensa británica calificó a los futbolistas argentinos como Animals, una etiqueta que quedó grabada durante décadas. Hasta se hizo revista, y nadie más repitió tal gesta. Animals.
En 1982, mientras la dictadura militar buscaba recuperar respaldo político a través de la Guerra de Malvinas, el conflicto volvió a colocar a Inglaterra en el centro de la escena nacional. En las radios, en la televisión, en las escuelas y también en las tribunas, el clima era de fervor patriótico. "El que no salta, es un inglés", ¿de dónde viene?
La bandera de ahora, antes Estudiantes y Quilmes
La bandera desplegada por la Selección Argentina durante el Mundial reabrió aún más ventanas sobre la soberanía de las Islas Malvinas y, tras la victoria frente a Inglaterra, las canchas del fútbol argentino recuperaron uno de los himnos más emblemáticos de las tribunas: "El que no salta es un inglés". La escena despertó nuevamente la pregunta de siempre: ¿dónde nació ese cántico?
Las crónicas de la época, publicadas por diarios como El Día y otros medios nacionales, sitúan el origen el 25 de abril de 1982, durante la fecha de "clásicos", en un partido del Campeonato entre Estudiantes y Quilmes disputado en el viejo estadio de 1 y 57. Días atrás, producto del regreso argentino a las Islas, en Plaza de Mayo un populoso encuentro de 300.000 almas ya cantaban contra los ingleses.
Aquella tarde de fútbol parecía transcurrir como cualquier otra. Estudiantes ganaba 1-0 gracias a un penal convertido por el Tata Brown, aunque Quilmes había equilibrado el desarrollo y estaba más cerca del empate que el conjunto local de ampliar la ventaja.
Entonces ocurrió algo completamente inesperado: aos 36 minutos del segundo tiempo, una voz surgió de los altoparlantes del estadio. "Señor árbitro, rogamos a usted detener el juego". A la par, en Vélez Sarsfield y San Martín de Tucumán hubo un cartel electrónico en el que decía: “Inglaterra retira las naves de las Islas Malvinas” (la verdad es que habían hundido al crucero General Belgrano).
El árbitro Juan Carlos Loustau miró desconcertado, obedeció la orden y reunió a los jugadores en el centro del campo. Desde los parlantes comenzó a leerse un comunicado oficial de la Junta Militar anunciando el inicio de las acciones bélicas en las Islas Malvinas.
"Lo recuerdo y se me pone la piel de gallina. Leyeron un comunicado de la Junta Militar que decía que se habían iniciado las acciones bélicas en las islas", recordó años después Héctor Clide Díaz, defensor de Quilmes, en una entrevista con Revista El Caño.
Muchos futbolistas comprendieron que podían ser convocados porque pertenecían a las clases alcanzadas por el servicio militar obligatorio. "Estaba en la barrera, escuché y enseguida lo busqué a mi compañero Pizzarulli, que era clase '61", contó Díaz.
Néstor Frediani, volante derecho del Cervecero, todavía recuerda la frase que rompió el silencio de aquel círculo de jugadores. "Cagamos, nos llaman". Jorge Gáspari, capitán de Quilmes, tampoco olvidó nunca ese momento. "Fue emocionante, imposible de olvidar".
Mientras los futbolistas intentaban procesar la noticia, en las tribunas sucedía otra historia. Casi de manera espontánea y de ambas tribunas, los hinchas que fueron al Hirschi ese domingo 25 de abril empezaron a saltar al mismo tiempo mientras cantaban una frase que jamás había resonado en un estadio argentino. "Y ya lo ve... y ya lo ve... el que no salta es un inglés". Sin saberlo, acababan de darle nacimiento a uno de los cantos más populares del fútbol argentino.
"Siempre decimos que fue algo adrede de parte de Estudiantes. Que el técnico Bilardo habría parado el partido para enfriar. Aunque nunca vamos a saber si realmente fue así, porque en el fútbol nos conocemos todos...". Entre los quilmeños quedó instalada como una de esas historias que sobreviven gracias a las sobremesas del fútbol. "Fue el único estadio donde se paró el partido. Y tuvo efecto. Muchos quedamos shockeados", agregó Frediani.
¿Y el ritmo?
Las canciones de cancha no nacen directamente en las canchas, aunque ahí dan sus primeros grandes pasos. Mucho antes de que miles de hinchas lo transformaran en un grito colectivo, ese compás ya venía viajando de la música popular. Era un recorrido lento, casi imperceptible, que acompañaba el cambio cultural de los años sesenta y setenta. El rock, lo melódico, el pop, comenzaron a mezclarse con el folclore futbolero, desplazando poco a poco las marchas tradicionales.
Uno de los antecedentes aparece en 1959, cuando la copla y rumba española "El Porompompero", compuesta por Juan Solano, José Antonio Ochaíta y Xandro Valerio y popularizada por Manolo Escobar, instaló una sucesión de onomatopeyas que se volvería inconfundible: "Porompompom, poromporom...". Todavía no era una canción de cancha, pero ya tenía el pulso repetitivo que décadas más tarde encontraría otro destino.
El cantante panameño Camilo Azuquita, a finales de los 60', grabó "Borombón, borombón, bon", una guaracha de ritmo contagioso cuyo estribillo ya se acercaba mucho más a la melodía que luego adoptarían las tribunas argentinas, aunque con una cadencia bastante más lenta que la que terminaría imponiéndose en los estadios.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en 1971. Ese año apareció "Hay que alegrar al corazón", del dúo Juan y Juan, integrado en realidad por Enrique Raúl Masllorens y Eduardo Rubén López. El comienzo de la canción era casi un manual de lo que vendría después.
"Porompompón... porompompón..." con el correr de los compases, aquel "porom" se transformaba naturalmente en un "borom bombom" que millones de argentinos terminaron incorporando de memoria.
Juan y Juan ya eran especialistas en fabricar estribillos pegadizos, también les pertenecían éxitos como "La pinta es lo de menos" y "Qué lindo es estar en Mar del Plata", canciones que sonaban en radios, clubes y fiestas. Ellos mismos reconocían que la inspiración había llegado después de escuchar "Ob-La-Di, Ob-La-Da", de The Beatles, otro ejemplo de cómo una sucesión de sílabas sin demasiado significado podía convertirse en un fenómeno colectivo.
En 1982, mientras el país seguía pendiente de la Guerra de Malvinas, el dibujante Caloi creó para la televisión una canción que se volvería inmediatamente popular. "¡Burumbumbum, burumbumbum, yo soy el hincha de Camerún!". Luego, ya en 1982 y el estribillo mostraba que aquel compás había dejado de pertenecer exclusivamente a la música para transformarse en patrimonio popular.
Casi un año después, el 14 de febrero de 1983, Estudiantes se consagró campeón del Torneo Metropolitano con Carlos Salvador Bilardo como entrenador. La celebración dió otra variante. "Borombombón, borombombón, es el equipo del Narigón". Volvió a sonar en 1986, en todo el país.
A partir de entonces comenzaron a multiplicarse las versiones. "Borombombón, borombombón, es un afano, suspéndanlo" y "Borombombón, borombombón, para... la Selección."
Un himno, una marca, una bandera
Con los años, el cántico dejó de estar exclusivamente ligado a la Guerra de Malvinas y pasó a convertirse en un símbolo de cada enfrentamiento deportivo entre Argentina e Inglaterra. Desde el gol de Diego Maradona en México 1986 hasta los cruces de rugby, hockey, tenis o fútbol, volvió una y otra vez.
Muchos lo cantan sin conocer su origen. Otros recuerdan aquella tarde de abril de 1982 en La Plata, cuando un partido se detuvo por un comunicado militar, el silencio invadió la cancha y nació un canto que atravesó generaciones.
Saltá. No está muerto quien pelea, y lo ayuda el corazón. Memoria y corazón.
SUSCRIBITE a esta promo especial