Don Miguel Ubaldo Ignomiriello hablaba de “La Tercera que mata” con la misma convicción de 50 años atrás, cuando la tarde del 14 de diciembre de 1965 se consagró campeona tras derrotar 5-1 a Independiente en la cancha principal de Estudiantes. “Ese equipo fue el que inició la mística en el Club” , resaltaba con orgullo en esta nmota publicada por EL DIA al cumplirse medio siglo de la conquista.
Ese conjunto, que para Carlos Bilardo tenía apodo de película nacional (según le dijo al periodista Osvaldo Papaleo el día que vino a La Plata por primera vez y le dijeron que el presidente había iodo a ver “La Tercera que Mata”), lo empezó a formar Ignomiriello a comienzos del ‘64, por un expreso pedido del presidente Mariano Mangano. El apodo surgió por un título de este diario luego de un partido.
Con los jugadores que había en inferiores, más otros que llegaron desde distintos puntos del país se formó un equipo que en su primer año fue subcampeón, en 1965 levantó la copa, en el ‘66 campeón invicto de Reserva, al otro año se convirtió en el primer club no grande en salir campeón en Argentina y en 1968 coronó el proyecto con la copa Libertadores y la Intercontinental. De los 11 titulares en Old Trafford, 7 se habían iniciado allí. Y de los 18 de la lista de buena fe, 12 eran producto de ese trabajo.
“Incorporamos un médico y un preparador físico cuando algunos creían no era necesario, hicimos ponerle luces a la cancha auxiliar para entrenar de noche, conseguimos becas para los chicos del Interior, empezamos a implementar las concentraciones, trabajamos tácticamente y hasta jerarquizamos a los jugadores con indumentaria”, arrancó con su diálogo en esa entrevista Ignomiriello, el mentor de un proyecto y la persona que hizo fuerza para que en diciembre de 1964 el presidente Mariano Mangano eligiese a Osvaldo Zubeldía como el técnico del equipo por sobre otros candidatos.
Y de la nada, como si se hubiera olvidado el dato más importante interrumpió la pregunta y dijo: “Conseguimos habilitar la cancha auxiliar para partidos oficiales de juveniles, que hasta entonces era un lugar de entrenamiento los días que no estaba alquilada para un circo”.
-Pasaron 50 años. ¿Qué recuerda de ese equipo?
-Repito las palabras de Mercurio, el periodista de El Día en una nota del 15 de diciembre de 1965 “Estudiantes en su mística”. Con ese equipo empezó todo. De todos modos siempre repito que logramos todo gracias al trabajo y a los excelentes jugadores que teníamos. Sin jugadores no se puede hacer nada.
-Cuando Mariano Mangano lo convocó le dijo que quería armar un plantel que más tarde fuese campeón del mundo. ¿Imaginó que podía cumplirlo?
-Pero no, si digo lo contrario miento. El objetivo del Club era tener un equipo formado por hombres de las inferiores y el mío superar el trabajo que había hecho en Gimnasia. Por ese entonces la última vez que un equipo juvenil de Estudiantes había sido campeón era en 1957, con una Quinta División.
“El objetivo del Club era tener un equipo formado por hombres de las inferiores y el mío superar el trabajo que había hecho en Gimnasia”
-¿Y el primer objetivo de la Tercera?
-En 1963 quisimos superar los 12 puntos del año anterior e hicimos 24. Y en 1964 salimos subcampeones porque en un partido clave contra Central Cacho Aldave, que era el técnico de la Primera, me pidió a la Bruja Verón y al Bocha Flores. Ese partido lo perdimos.
-¿Qué hacían con los jugadores que llegaban del Interior?
-Ese fue un problema, porque el Club no tenía pensión. Entonces empezamos a pelear con la Comisión Directiva para que empezara a construir un pensión en el predio de 57 y 1. Los convencí de poner loza en el techo de los vestuarios que iban a empezar a hacer al lado de la cancha auxiliar. Con el correr de los años ese lugar se transformó en el Pabellón Dante Demo.
-¿Por qué ese equipo fue años después campeón del mundo?
-Los partidos de Tercera se jugaban de preliminar. ¿Cuándo fue el quiebre que empujó a los hinchas a llenar la cancha?
-En el ‘64, a partir de una nota de Pinocho Areta, jefe de página de El Día que tituló “Esta Tercera no gana, mata”. Fue porque le dio vuelta un partido a Vélez que perdía 3-1 y lo ganó 6-3. Después de ese partido se empezó a promocionar tanto que en la final del 14 de diciembre de 1965 en lugar de jugar primero la Tercera, después la Reserva y más tarde la Primera, el público pidió que nosotros juguemos de preliminar para que los empleados públicos puedan estar, ya que se jugó un martes.
-¿Cuál fue el mejor jugador de ese equipo de la Tercera?
-Hubo muchos, pero Eduardo Luján Manera era un defensor extraordinario. Fue un fenómeno. Pero sería injusto con el resto. Poletti era el mejor arquero del país y la muestra estuvo que cuando lo subieron a Primera no bajó nunca más. Pachamé y Aguirre Suárez eran patrones. También fue muy importante Rubén Bedogni, que en 1965 hizo 23 goles en 23 partidos. Y no puedo ser injusto con Juan Miguel (Echecopar), jugador y persona maravillosa. Me costó mucho traerlo de Pergamino. Este es un caso que sirve para compararlo con la actualidad: ahora promocionan chicos que juegan dos o tres partidos y después desaparecen un tiempo. ¿Sabés cuántos partidos jugó consecutivos Echecopar cuando lo subieron a Primera? 74, ¡siete cuatro!
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