Dicen que “segundas partes nunca fueron buenas”. Contradiciendo el refrán, este regreso de Nacho Fernández al Lobo es “El Padrino II”, una obra brillante, a la altura de su predecesora, como este nivel del capitán tripero, determinante como pocas veces se ha visto para carrear hacia adelante a un equipo que está realizando una muy buen campaña.
“¿Qué voy a descubrir de Nacho? Es el líder del equipo, estando bien él, el equipo juega de una manera que funciona. Es un jugador muy importante por lo que transmite dentro y fuera de la cancha. Es nuestro emblema”. Las palabras de Ariel Pereyra tras la victoria en Parque Patricios no hacen más que ratificar la importancia de Ignacio Fernández como eje del equipo, generador de juego y símbolo del liderazgo positivo tanto dentro como fuera de la cancha.
Salvo algunas rarezas (es recordado el caso de Nicolás Medina refuerzo que se fue sin debutar y regresó años después) tener una segunda etapa en un club es solo para un puñado de elegidos, futbolistas nacidos en el club o con un primer paso tan exitoso que obliga a la puerta abierta años después.
En los últimos 30 años, tal vez el mejor retorno fue el de Lucas Licht, transferido a Getafe a mediados de 2006 y con un regreso en 2012 para encabezar el ascenso del equipo de Pedro Troglio y continuar con una extensa carrera en el club que se extendió hasta 2021.
A vuelo de pájaro, tuvieron dos etapas en el Lobo Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, José Albornoz, Mariano Messera, Roberto Sosa, Diego Alonso, Lucas Lobos, Andrés Yllana, Andrés Guglielminpietro, Favio Fernández, Juan Carlos Olave, Gonzalo Vargas, Nicolás Cabrera, Marcelo Goux, Gonzalo Choy, Santiago Silva, Fabián Rinaudo, Brahian Aleman además de los recientes Lucas Castro y Pablo De Blasis.
También hubo casos más bien curiosos, como las breves salidas de Claudio Enria (a España) y Diego Scotti (a Uruguay) que cortaron su etapa tripera. Y situaciones particulares como los préstamos de Leo Noce en Banfield y Jorge San Esteban en Nueva Chicago.
Roberto Sosa, Sebastián Romero y Esteban González, como antes Alberto Beltrán (en los ‘70 y ‘80) tuvieron tres etapas con la casaca albiazul.
En tiempos más antiguos, emblemas como Arturo Naón (1929-1934, 1938-1939 y 1943) y el arquero Carlos Minoián (1958-1965 con un breve regreso en 1969) tuvieron regresos a Gimnasia, pero tal vez el más importante fue el de Diego Bayo, quien tras una primera etapa entre 1955 y 1958 fue vendido al Celta español pero regresó en 1961 hasta el ‘63 para aportar toda su experiencia en la legendaria campaña del Lobo. Otro crack con todas las letras que se fue para volver fue el Gallego Antonio Rosl, quien jugó del ‘63 al ‘67 para regresar entre el ‘74 y el ‘76.
El listado ofrece de todo: jugadores correctos y muy queridos, “fuoriclasse” que no tuvieron un gran regreso, jugadores que siempre cumplieron, pasos brillantes, retornos evitables. Nacho Fernández está entre los puestos más altos de la nómina, determinante en este segundo ciclo, más predominante en el juego del equipo que cuando tomó continuidad tras su paso por Temperley. Líder , con sentido de pertenencia y jugadorazo. ¿Qué más se puede pedir?
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