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De origen ancestral, el lacrosse fue creado por comunidades originarias de Norteamérica, especialmente en la región entre Estados Unidos y Canadá, hace más de 500 años. Para estas culturas, el juego no era solo un deporte, sino también un ritual espiritual y comunitario. Lo utilizaban como entrenamiento para la guerra, para resolver disputas entre tribus y como ceremonia religiosa.
Luego, con la llegada de los colonizadores franceses, el juego comenzó a tomar una forma más parecida a la actual y fue adoptado por las universidades canadienses y estadounidenses, que lo reglamentaron y difundieron como disciplina deportiva.
Estos colonos lo bautizaron “la crosse” por la semejanza del palo con un báculo eclesiástico. Con el paso del tiempo el lacrosse es un deporte de equipo con diez jugadores de cada lado. El mismo combina velocidad, destreza y estrategia. Se juega con un palo o stick llamado crosse, que tiene en un extremo una red pequeña utilizada para atrapar, transportar y lanzar una pelota recubierta de goma con una gran capacidad de rebote.
El objetivo principal del juego consiste en introducir la pelota en el arco contrario, un cuadrado de 1,83 metros. La pelota se desplaza principalmente por el aire, lo que exige rapidez y coordinación.
No es casual que el lacrosse sea considerado uno de los deportes de campo más dinámicos y veloces. Durante su desarrollo hay que correr, pensar y tomar decisiones rápidas. Entre sus beneficios, mejora la coordinación y la agilidad, estimula la concentración, desarrolla fuerza, velocidad y resistencia.
El lacrosse se práctica de una cancha de pasto natural o sintético (similar a canchas de fútbol o rugby), arcos específicos y el equipamiento personal compuesto de un palo de lacrosse, casco, guantes y protecciones.
El partido se desarrolla en cuatro tiempos (con un reloj de posesión de 30 segundos), y cada equipo forma con un arquero, defensores, mediocampistas y atacantes que usan el palo con la red para pasar la pelota, esquivar rivales y lanzar al arco. Si bien es un deporte de alta intensidad, que combina velocidad y resistencia, los contactos están regulados, especialmente restringidos en la versión masculina.
A todo esto, el lacrosse volverá a formar parte del programa olímpico en Los Ángeles 2028 más de un siglo después de su última aparición como deporte de medalla.
Dicha disciplina estuvo presente en San Luis 1904 y Londres 1908, antes de desaparecer del programa y aparecer posteriormente como deporte de exhibición en 1928, 1932 y 1948.
En los próximo Juegos de Los Ángeles 2028 regresará oficialmente, pero no con la modalidad tradicional de campo: los Juegos utilizarán Sixes, una versión diseñada para ser más compacta, rápida y fácil de integrar en un gran evento multideportivo.
El cambio no es anecdótico. Los Ángeles acogerá seis selecciones masculinas y seis femeninas, con un máximo de 11 deportistas por equipo. En total, el lacrosse contará con 132 plazas olímpicas.
Hace pocos días, el lacrosse fue noticia en nuestro país, ya que el seleccionado argentino femenino se clasificó para el Mundial de dicho deportes y entre las integrantes se encuentra una platense: Guadalupe Oliva Escudero, quien se encuentra radicada en Estados Unidos.
Oliva Escudero se recibió de bióloga molecular en la Universidad de Saint Louis, en el departamento de Misuri (Estados Unidos), donde ya ejerce dicha profesión.
Se marchó en el año 2018 tras jugar al vóley en Universitario. Cuando se encontraba en la Universidad había jugadoras lesionadas y ofrecieron ser parte de este deporte que era desconocido para la platense. Luego la llamaron del seleccionado nacional. Obtuvo el pase al mundial y con el sueño de ser parte de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
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