Coincidieron la peor actuación de Fernando Muslera en Estudiantes y el saludable carácter de un equipo que, más allá de diferentes errores y carencias, derrochó una personalidad que lo dejó a salvo de los peores reproches.
Ya sin posibilidades de clasificar a los playoffs del torneo Clausura, Estudiantes acentúa su enfoque en la disputa de la final de la Copa Libertadores, ya que la Supercopa Argentina del 12 de noviembre ante Independiente Rivadavia de Mendoza representa un desafío de menor seducción.
No fue la formación mixta la que encontró el punto final de la tibia ilusión que abrigaba. Jugó con titulares y justamente quien quedó señalado como el “héroe del Maracaná” ante Flamengo padeció una noche horrenda.
El arquero mundialista uruguayo tuvo responsabilidad, con muy diferentes matices, en cada uno de los tres goles que recibió en su arco. El peor fue el primero, donde quedó expuesto al recibir un pase hacia atrás y se enredó con el balón ante la presión del atacante rival. El segundo lo encontró saliendo sin timming y quedando fuera de foco ante el cabezazo de Mosevich. Y en el último, el remate de Córdoba, desde un ángulo cerrado, se le coló por el hueco que quedó entre su ubicación y el primer palo. Nunca se lo vio así.
No fue común lo que le ocurrió. Tres errores en igual cantidad de goles lo arrastraron al escalón más bajo del boletín de calificaciones.
La enjundia, el firme carácter y la determinación de ir al ataque con diez hombres (había perdido por expulsión a Santiago Núñez) le otorgó el premio del empate, pero no el que más quería.
El error de Muslera que terminó en gol fue enorme. Pases hacia atrás derivan en ese tipo de fallas
El final de la noche lo encontró evitando la crueldad de los silbidos, pero soportando la bronca y el fastidio de haber colaborado sin intención en las distintas alegrías que disfrutó su oponente.
EL ABUSO DE HACER PASES HACIA ATRÁS LO DEJÓ MUY AMARGADO
Salir jugando desde el fondo e incluir permanentemente al arquero es un rasgo distintivo del fútbol moderno y, de vez en cuando, suele pasar pesadas facturas. Exactamente eso le pasó al Pincha y especialmente a Fernando Muslera, que quedó en el ojo de la tormenta al cometer una equivocación grosera que terminó en gol.
El primer capítulo tuvo escaso juego preciso, pero abundaron los empujones, las fricciones y los agarrones; todo permitido por el árbitro Mastrángelo, de pésima conducción en los momentos más calientes.
MÁS EQUIVOCACIONES DURANTE EL COMPLEMENTO Y MUCHA EMOCIÓN
El capítulo final empezó agregando crueldad a la pálida imagen que dejó “Nando” y después del tercer gol cordobés a nadie se le cruzó por la cabeza que Estudiantes podía generar lo que terminó ocurriendo.
Convirtió tres goles y estuvo cerca de llevarse todo. El final fue tan alocado como emotivo y electrizante.
El León “tiró demasiado de la cuerda” durante todo el semestre armando equipos alternativos que no funcionaron. Se vieron actuaciones individuales lamentables y, por eso, no causa sorpresa que, faltando todavía una fecha, ya no tenga posibilidades de participar en la definición del campeonato.
Todo apunta a Montevideo. Es la meta, el gran sueño y la obsesión. Es el motivo que suaviza la mirada crítica y deja pasar cuestiones que deberán corregirse en el próximo mercado de pases.
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