Se despidió del torneo Clausura de una manera apagada. No fue el equipo que puede ser o al menos el que supo ser en algún momento como, por ejemplo, en la Copa Libertadores y en otros partidos en el semestre. Empató 1-1 en su visita a Talleres y ahora dependerá de que se abran algunas ventanas si es que quiere clasificarse a la próxima Copa Sudamericana sin tener que depender tanto de alcanzar la Gloria Eterna en Montevideo.
Estudiantes fue casi de visita a Córdoba. Pero una visita muy relajada, con la cabeza puesta exclusivamente en lo que sucederá contra Palmeiras. Por más que los protagonistas lo nieguen (y está bien que así lo hagan) el equipo no juega bien y se está guardando energías para ese partido mencionado, el más importante del año, de la década y para estos jugadores el más importante de sus carreras. No hay otro misterio: no puede jugar tan mal un finalista de la Copa Libertadores.
El Pincha ayer no perdió porque tuvo en Fernando Muslera a un jugador de extrema jerarquía que recuperó rápidamente su nivel, el que le valió ser mundialista por cinco veces y uno de los mejores del planeta. Tampoco porque su rival, muy pobre, desperdició varias situaciones de gol y porque al lograr la igualdad se conformó con el punto. De lo contrario otra podría haber sido la cosecha que al menos lo deja expectante y con alguna chance de tener agenda internacional 2027, pero ya no dependiendo de sí mismo, más allá de que si le gana a Palmeiras juega la Libertadores, el Mundial de Clubes y la Intercontinental, está claro.
Correa y Palacios no pudieron manejar la pelota y perdieron muchas con el equipo arriba
El Pincha tuvo problemas en la mitad de cancha. Serios problemas. Piovi jugó mal y nunca tuvo el control de la zona. Talleres prevaleció y superpobló la cancha por las bandas, lo que le generó un dolor de cabeza a los albirrojos. En ese sentido el Vasco Benedetti y Mancuso siempre quedaron mal parados cuando atacaron y la pelota se perdía, algo frecuente porque tanto Tiago Palacios como Joaquín Correa no lograron nunca conectarse.
El arquero uruguayo salvó un par de veces hasta que cerca del final llegó un desborde de Joaquín Tobio Burgos, el único que estuvo en sintonía, rápido y encarador. Desniveló por la izquierda y le tiró un centro de Adolfo Gaich, que se llevó marcas y en el afán de despejar Román Riquelme anotó en contra. Casi sin hacer demasiado el Pincha se ponía en ventaja en el Mario Kempes, lugar de buenos recuerdos recientes tanto por el torneo como en la Copa Argentina y Copa de la Liga.
En el segundo tiempo De Felippe metió más jugadores por las bandas y uno de ellos fue el pibe Chiavassa, que le ganó dos veces la espalda a Benedetti. En la segunda tiró el centro y encontró a Maidana sin marca porque Mancuso había subido para esperar la descarga de Correa. El Tucumano la perdió, reclamó falta y el equipo lo sufrió. Fue 1-1 en el arranque que hacía vislumbrar una mala experiencia en la despedida en el Clausura. Soñar con la Sudamericana 2027 por tabla Anual se empezaba a complicar.
Las bandas, en defensa, fueron un dolor de cabeza. Las espaldas, al descubierto
Entonces llegaron los cambios, que le hicieron bien. Eric Meza le dio oxígeno a la derecha y Fabricio Pérez hizo más que Gaich pese a no ser delantero de área. Y Baltasar Rodríguez aportó más dinámica que Palacios. El equipo recuperó un poco la pelota y jugó más adelantado. Talleres “se fue del partido” y solo porque el Pincha estuvo mal en los metros finales no se produjo otro gol. Pero fueron los platenses los que estuvieron más cerca.
La lesión de Joaquín Correa fue un golpe para todo el equipo. Fue el recuerdo que ninguno quiere perderse la final y el partido otra vez se cayó en un poso. Fue un entrenamiento con público. El local sumó un punto para cerrar con dos partidos sin perder y la visita con un punto que le permitió superar a Barracas y el Rojo en la Anual pero esperando por aperturas de ventanas.
La mente del Mundo Estudiantes está puesta en el estadio Centenario. Es “El partido” y por más que se trate de enfocar en otra cosa no puede. El problema es que dejó todo en manos de su mística para cerrar un 2026 con algo en la canasta. Le queda un partido más, el jueves, que tendrá en juego una estrella. Parece difícil que luego de lo mostrado ayer pueda meterse al ciento por ciento con algunos jugadores que necesitan descansar o cuidarse. La cita más importante es en el Centenario.
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