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Odisea Pincha en Santiago

Un viaje de casi 18 horas. Los retuvieron en todos lados y llegaron al estadio con el partido empezado. Represión en el final
Los hinchas alentaron durante todo el partido y se hicieron sentir desde una de las cabeceras / Daniel Tenreyro
Los Di Tommaso dijeron presentes en Santiago del Estero, junto al equipo albirrojo / EL DIA
Gente de la filial Corazón Pincha de Rafaela no quisieron perderse la fiesta en Santiago / Daniel Tenreyro
El público albirrojo que no quiso perderse la final en Santiago del Estero / Daniel Tenreyro
Este grupo de hinchas que llegó a Santiago del Estero para acompañar al equipo del Cacique / EL DIA
No importa las edades, en familia, estuvieron en el Madre de Ciudades para alentar a Estudiantes / EL DIA
Con una bandera ingeniosa, estos dos hinchas se mostraron en el Madre de Ciudades / Daniel Tenreyro
Otros dos hinchas que recorrieron varios kilómetros para alentar al equipo de sus amores / EL DIA
El pincherío en el estadio Madre de Ciudades para estar cerca del equipo del Cacique Medina / EL DIA
La espectacular vista del estadio Madre de Ciudades, previo al inicio de la final, con humo en las dos cabeceras y con el aliento permanente de la hinchada de Estudiantes para con el equipo / Captura de TV

STGO. DEL ESTERO (ENV. ESP)

mcabrera@eldia.com

Los hinchas de Estudiantes sintieron en carne propia el mal trato de la organización del fútbol argentino. Esta vez no fue el árbitro, el VAR y los dirigentes: la Seguridad hizo lo posible, conscientes o sin querer, que los 4 mil que se movilizaron de manera colectiva no llegaran hasta el Madre de Ciudades con el partido comenzado porque los demoraron en cada kilómetro del recorrido y en el ingreso a Santiago del Estero. En total, luego del desastroso operativo, casi 6 mil hinchas de Estudiantes apoyaron al equipo en las tribunas destinadas.

Ese grueso de los hinchas llegó recién cuando el partido se estaba jugando. Los 60 micros que salieron desde UNO el viernes por la tarde sufrieron todo tipo de demoras y restricciones. Los pararon a la salida de la provincia y al ingreso de todas las que recorrieron en el trayecto de más de 18 horas. Fue una falta de respeto lo que hizo la organización o la Policía, pero nunca se sabrá quién tomó la decisión. “Si no quieren que vengamos hubiéramos jugado en la cancha de Central y listo”, se quejaba un hincha con mucha razón.

Los colectivos que movilizaron a los hinchas de Rosario, que hicieron muchos menos kilómetros, llegaron temprano y no tuvieron ninguna demora. No se los retuvo como a los albirrojos y por eso el marco fue más imponente en la previa, independientemente que trasladaron una mayor cantidad de hinchas. Pero no se entendió la decisión de “molestar” tanto a los de Estudiantes.

Por eso a falta de 15 minutos para el inicio del partido no había ni mil simpatizantes en la cabecera Sur. Ni siquiera pudieron ingresar las banderas que recién se colgaron en la tribuna con el partido comenzado, mientras los jugadores ya habían salido al campo de juego. Lo que se dice, la hicieron la “vida imposible” con la fecha, la sede, el horario, el árbitro y también el traslado de sus hinchas, que aunque menos soportaron una odisea para poder llegar a ver a su equipo y no lo pudieron lograr: se perdieron el inicio y la previa. Entraron entre los 30 y 45 minutos.

Entre las banderas que se colocaron luego en el sector Pincha asignado en el estadio: “Catamarca”, “La Loma”, “Gonnet”, “Los Hornos”, “Los Salvioli”, “Una forma de sentir”, “La 529”, “V. Elisa”, Tolosa”, “Gloria o Muerte”, “Yo soy así”, “Moreno”, “Santa Ana”, “La Libertadores”, “Floresta”, “P.Chacabuco”, “Villa Progreso”, “Barrio Malvinas”, “Ensenada”, “ Un estilo de vida”, “Merlo”, “El Palomar”, “La Terraza”, “La Bilardo”, “Los Leales” y muchas otras más.

Fue tan marcado el “maltrato” de la organización que la cabecera de Estudiantes fue dividida a la mitad y pese a que estaba toda disponible en la previa, se decidió correr a los hinchas al sector menos visible en ña TV y de repente la capacidad se redujo. Los que ingresaron en ese sector tuvieron que juntarse en el sector sobre la platea Oeste. Cuando llegaron los colectivos, ya con el partido empezado, el cordón policial se corrió para darle mejor ubicación al resto. Una falta de respeto.

Algunos culpan a la Policía de la provincia de Santiago del Estero, pero en el Estadio se dijo que la orden de retener a los hinchas fue de Gendarmería, que depende de la Nación.

Los que no tuvieron problemas, inicialmente, fueron los familiares de los jugadores, que arribaron en un avión chárter desde Ezeiza y se instalaron en un costado de la platea Oeste baja, resguardados de los demás simpatizantes. Allí se colocó Juan Sebastián Verón con su familia y amigos. Luego ese grupo fue empujado con palos y escudos a abandonar el estadio. Mal.

El público se expresó en todo momento contra el manejo del fútbol argentino apuntando a Claudio Tapia antes, durante y después del partido, lógicamente. Incluso unos hinchas de Estudiantes increparon al árbitro Darío Herrera en el hotel antes de partir rumbo al estadio y otros insultaron al presidente de AFA en el palco al momento de la sanción del penal a Enzo Copeti. Toda la semana se sospechó de un abitraje tendencioso y en los primeros 45 minutos quedó en evidencia: el árbitro dejó un nivel más a los jugadores de Central, amonestó ante la primera infracción de Estudiantes, ignoró faltas (una de ellas provocó la lesión de Gabriel Neves) y se dejó llevar por un llamado del VAR en una jugada que dejó enormes dudas.

Luego del partido, esos mismos hinchas que llegaron a los 30 minutos recibieron una represión innecesaria para subirlos a los colectivos. Los empujaron y les tiraron gas pimienta.

Los hinchas aprobaron con creces su estadía en Santiago del Estero. Otra vez estuvieron a la altura alentando y soportando el maltrato de la Seguridad primero y del arbitraje después. Se bancaron una odisea que tal vez haya sido la última en el Madre de Ciudades un estadio que le trajo suerte en tres finales pero que ayer le dio la espalda. Pero la culpa no fue de la cancha ni de la sede, hubieron otros factores en una tarde para el olvido.

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