La postergación de la Supercopa Argentina no solo alteró la planificación deportiva de Estudiantes e Independiente Rivadavia, sino que también impactó de lleno en los hinchas que ya habían comenzado a organizar su viaje a Córdoba para presenciar la definición.
La decisión de suspender el encuentro llegó apenas unas horas después del inicio de la venta de entradas en las boleterías del Estadio UNO –donde desde las primeras horas de la mañana se habían formado largas filas–, situación que generó un fuerte malestar entre los simpatizantes albirrojos que ya habían adquirido sus tickets. A través de las redes sociales, numerosos usuarios expresaron su enojo por una medida que llegó cuando muchos ya habían adquirido localidades, reservado alojamiento o coordinado el traslado hacia la provincia mediterránea.
El descontento fue aún mayor en aquellos fanáticos que se vieron obligados a modificar sus planes más de una vez. Es que esta no es la primera alteración que sufrió la organización de la final. Semanas atrás, el encuentro ya había sido objeto de cambios, cuando se modificó el horario originalmente previsto y se adelantó tres horas respecto a lo anunciado inicialmente.
De esta manera, la suspensión terminó generando un efecto colateral que excede a los clubes y a la organización. Mientras se aguarda una nueva fecha para la disputa de la Supercopa, miles de hinchas permanecen a la espera de definiciones para reorganizar viajes, reservas y la logística necesaria para acompañar al equipo en una nueva final.
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