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¡Qué dupla!: para Messi y Djokovic no hay ningún almanaque

Leo, junto a la Selección Argentina, se clasificó a cuartos de final del Campeonato Mundial de fútbol 2026. Por su parte Nole, después de batallar por más de cinco horas, obtuvo el pase para disputar una de las semifinales del torneo de Wimbledon
El festejo de Novak Djokovic después de vencer a Auger-Aliassime, en Wimbledon / AFP
Lionel Messi celebra el segundo tanto del seleccionado argentino contra Egipto / AFP

adamelio@eldia.com

A pesar que ambos tienen 39 años se siguen destacando en cada una de sus disciplinas. En la misma jornada, uno alcanzó las semifinales de Wimbledon y el otro accedió a cuartos de final del Campeonato Mundial de fútbol 2026.

Claro que Novak Djokovic y Lionel Messi ya están llenos de títulos y con una cuenta bancaria que rebalsa de dinero. Esta situación encaja justo en aquella frase emblemática de Carlos Salvador Bilardo para sus dirigidos en el Mundial de México 1986: “No busquen dinero. Busquen la gloria y así los van a recordar toda la vida”.

Y sin lugar a dudas,Djokovic y Messi, que se encuentran transitando en la última parte de su extraordinaria carrera como deportistas de la máxima élite, con su mentalidad ganadora buscarán poner la frutilla en el postre.

Es cierto que uno lo hace en el deporte individual, como es el caso de Djokovic y dentro de una cancha de tenis; mientras que el otro como Messi en su faceta colectiva, en un rectángulo de juego, siguen dando sus clases magistrales.

Djokovic nació en 1987. El viernes 22 de mayo, en la ciudad de Belgrado, que pertenecía a la antigua Yugoslavia; mientras que Messi lo hizo, apenas 33 días después, el miércoles 24 de junio, en Rosario. Ambos se conocen y se admiran. Se elogian mutuamente cada vez que se encuentran o lo hacen por medio de las redes sociales.

En sus tiempos de infancia, aunque en contextos distintos, a ninguno de los dos no le sobró nada. Srdjan y Dijana, el padre y la madre de Djokovic, pasaron mucho tiempo fuera de Belgrado, a cuatro horas en auto de la capital serbia, trabajando en una pastelería del Monte Kopaonik, tratando de generar recursos para que sus hijos -además de Novak, los menores Marko y Djordje- pudieran desarrollarse en un país afectado por los conflictos bélicos.

En lo que respecta al pibe de Rosario sus padres eran descendientes de italianos y españoles. La familia Messi-Cuccittini, con cuatro hijos bajo el mismo techo, tenía un origen modesto, ya que papá Jorge trabajaba como jefe de sección en una metalúrgica y, mamá Celia, en un taller de bobinas magnéticas.

Ambos de carácter inquietos, ingeniosos, obstinados, competitivos, Leo y Nole encontraron en el deporte, en las pelotas de fútbol y de tenis, un pasatiempo, una sonrisa, un juego, un incentivo, una vía de escape para ese aislamiento.

Corría el año 1999, Djokovic cumplió doce años cuando las bombas de las fuerzas de la OTAN empezaron a sacudir la ciudad, provocando terror en noches interminables en las que debió resguardarse en el refugio del edificio de su abuelo, en Banjica, un barrio con descuidados monoblocks de hormigón que mantiene sus heridas abiertas. En esos pequeños espacios húmedos y grupales, el pequeño Nole podía aislarse soñando con ganar el trofeo dorado de Wimbledon, que ya lleva conquistados siete (2011, 2014, 2015, 2018, 2019, 2021, 2022) y va por el octavo.

Por ese entonces, a unos doce mil kilómetros de distancia, Leo brillaba en las divisiones inferiores de Newell ‘s, en un equipo que se mantenía invicto y al que llamaban “La Máquina del 87”’, por el año de nacimiento de sus jugadores.

Así como Srdjan Djokovic, en cierto momento bisagra de la incipiente carrera tenística de su hijo, tuvo que pedirle dinero prestado “a usureros y criminales para poder viajar, porque eran los únicos que podían dártelo sin garantía, aunque con intereses desorbitados”, según confesó el propio Nole.

En el caso de los Messi también tomaron una espinosa decisión que terminó desanudando la historia, que fue emigrar a Europa -más precisamente a Barcelona- para que Leo, con doce años, continuará con el tratamiento hormonal y pudiera desarrollarse físicamente para sostener sus mágicas pinceladas con el pie izquierdo. Y como se puede ver ambos llegaron a la gloria máxima como parte de ese esfuerzo.

Djokovic jugó su primer partido profesional en junio de 2003. Por su parte, Messi debutó oficialmente en Barcelona en octubre de 2004. A más de veinte años, los dos se adjudicaron el derecho de ser juzgados como los más grandes de todos los tiempos, los GOAT (“Greatest Of All Time”). y superhéroes sin capa, uno pateando una pelota número 5, el otro empuñando una raqueta.

Uno, que perdía finales con la Selección, caminaba en la cancha y era silencioso. Que era dócil frente a los poderosos y nunca llegaría a ser como Maradona.Otro, que hizo un culto “antivacuna” por no querer inocularse durante la pandemia. Que no tenía la elegancia de Federer, ni el espíritu combativo de Nadal. Que no había espacio para un tercer mosquetero en una fiesta de dos.

Todo ello sólo les dio más hambre. Perfeccionaron sus talentos naturales y rompieron cadenas. Leo lloró, se desahogó y agitó sus brazos dirigiéndose hacia su familia, en el estadio Lusail de Qatar, en diciembre de 2022, expresando que ya no había cuentas pendientes ni nada que pedirle a su Dios. La Copa del Mundo lo eximió de todo. Lo hizo perpetuo, pero ahora con casi 40 años quiere ir en búsqueda de otro título mundial.

Novak lloró y dejó caer su raqueta sobre el polvo de ladrillo del court Philippe-Chatrier, en agosto de 2024, al romper el embrujo y ganar, en París, la medalla olímpica dorada en singles que se le negaba desde los Juegos de Beijing 2008. En aquella soleada tarde francesa se convirtió en inmortal.

Longevos, familieros -con las mismas compañeras desde la adolescencia, Antonela Roccuzzo y Jelena Ristic-, mentes brillantes y extremadamente cuidadosos de sus cuerpos, desde hace rato que los dos batallan -aunque no siempre sea en forma directa- ante talentos mucho más jóvenes. Contra Jannil Sinner y Carlos Alcaraz, frente a Kylian Mbappé, Lamine Yamal y Erling Haaland. Pero la adrenalina, cuando ya no les queda nada por ganar, naturalmente siguen alimentando en su faceta individual.

Hoy, más allá de cualquier obstáculo diario, los dos lucen liberados, sonríen con frescura y disfrutan de sus proezas. Entienden lo que representan y se brindan a cada requisito. No siempre fueron los mimados, muchos llegaron a repudiarlos, pero el tiempo y el trabajo acomodaron las piezas en el tablero. Ganaron todas las pulseadas y, hoy, generan una fascinación hasta melancólica al observarse que el final de sus carreras está cerca.

Al margen, los dos están otra vez cerca de la gloria. En lo que respecta, Djokovic accedió a semifinales del mundo después de batallar por más de cinco horas y cinco sets contra el canadiense Félix Auger-Aliassime que venció por 7-6, 3-6, 6-3, 6-7 y 7-6 (10-4). En su caso estará jugando este viernes en el tenis londinense ante el número uno del mundo, Jannik Sinner, el pase a la final del torneo que se siente como en el patio de su caso.

Por su parte, Lionel Messi, que se recuperó de un penal errado, después puso el empate (2-2) y aunque no tuvo participación en el tercer tanto frente a Egipto colectivamente siempre tiene que ver en la Selección Argentina, con quien el sábado irá en búsqueda de la semifinal de otro Mundial contra Suiza. A pesar de los años tanto Nole como Leo siguen dando su espectáculo de grandeza para todo aquellos que se rindieron a sus pies.

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