Nunca desde 1906 River perdió los cuatro primeros partidos de un torneo. Por eso, la derrota ante Tigre en Victoria fue un nuevo mazazo para el ciclo de Eduardo Coudet como DT, que no consigue resultados a pesar de los millones de dólares invertidos en el armado del nuevo plantel, con varios campeones del mundo en sus filas.
En la conferencia de prensa tras la derrota, e mismo Coudet se puso plazos. “Si las cosas no se dan, no le voy a hacer mal a River” dijo el Chacho, que además habló nuevamente de tiempos. No los tiene. El hincha se cansó y tuvo la bendición de no haber jugado en el Monumental, donde el clima hubiese sido irrespirable.
Eliminado de la Copa Argentina por Aldosivi (que no ganó en los 20 partidos jugados por Liga durante 2026) y sin puntos en el Clausura -donde tampoco marcó goles-, este River volvió a mostrar su tibieza y su falta de hambre. Tigre se hizo fuerte en un partido de escaso vuelo en el que aprovechó un error y facturó ante un equipo se no para de poner en cancha refuerzos millonarios: ayer Tobías Andrada y Francisco Ortega debutaron en el cuadro de Núñez.
River tuvo el monopolio de la posesión de la pelota en el primer tiempo, pero no supo que hacer con ella. Los pases fueron intrascendentes sin profundidad, por ende no hubo casi situaciones de peligro más allá de un cabezazo de Ortega que manoteó Zenobio. El equipo de Diego Davove cedió terreno para contragolpear pero sin inquietar a Santiago Beltrán. La polémica de la noche fue una jugada en la que Ángel Correa cayó dentro del área tras una entrada por detrás de Nahuel Banegas y todo River pidió penal. “No sé por qué no lo cobró”, dijo después Coudet en la conferencia de prensa.
El complemento fue una continuidad del juego de la primera parte, con River dueño de la pelota en campo rival pero sin pases filtrados ni acciones ofensivas directas. El Matador continuó agazapado a la espera de una equivocación. Y la encontró nomás, ya que cuando no pasaba nada en el desarrollo del juego, Tigre se adelantó en el marcador a los 35 minutos: Nicolás Otamendi le entregó un compromiso a Aníbal Moreno, quien perdió la pelota en la mitad de la cancha tras una presión de Jabes Saralegui y Nacho Russo definió de forma perfecta al quedar mano a mano contra Santiago Beltrán para estampar el 1-0.
Hasta el final, solo hubo un remate de Andrada que pasó cerca del caño izquierdo de Zenobio. Nada más, al margen de las dudas que muestra este ciclo de Coudet que no resiste otro mal resultado.
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