Este jueves se cumple un año de la muerte de Miguel Ángel Russo, una de las figuras más queridas y respetadas del fútbol argentino de las últimas décadas. El entrenador falleció el 8 de octubre de 2025, a los 69 años, mientras se encontraba al frente de Boca, después de una larga lucha contra el cáncer. Un año después, su figura permanece ligada a los clubes que marcaron su carrera, pero especialmente a Estudiantes, el lugar donde nació futbolísticamente y donde sus cenizas encontraron un espacio definitivo.
En el Country Club de City Bell, una parte de Russo permanece literalmente junto a la institución que fue su casa durante buena parte de su vida. A fines de octubre pasado, pocas semanas después de su fallecimiento, Estudiantes realizó un homenaje íntimo junto a la familia y descubrió una placa conmemorativa sobre el césped que acompaña el lugar donde fueron depositadas sus cenizas.
El gesto tuvo un significado especial para la familia. Ignacio Russo, hijo de Miguel, agradeció a Juan Sebastián Verón y a Estudiantes y resumió lo que significaba aquel lugar para su padre: “Es lo que mi papá hubiese querido”.
Estudiantes fue el club que lo formó, el que le permitió debutar en Primera y donde desarrolló prácticamente toda su carrera profesional como futbolista. Jugó durante 13 años, fue capitán y acumuló 432 partidos, una cifra que lo colocó entre los jugadores con más presencias en la historia de la institución. También regresó posteriormente como entrenador.
Por eso, cuando murió, Estudiantes lo despidió como a uno de sus grandes referentes. El club lo definió como “hijo pródigo y gloria futbolística” y destacó que su vínculo con la institución trascendía los resultados y los cargos que ocupó.
Un año después, esa relación permanece en City Bell. El Country, escenario habitual de los entrenamientos del plantel profesional, se convirtió también en uno de los lugares donde Russo continúa formando parte de la vida cotidiana del club. Allí, donde durante tantos años se movió como futbolista, entrenador y referente, quedó una parte de sus cenizas.
La noticia generó una conmoción inmediata en todo el fútbol argentino. Boca abrió las puertas de La Bombonera para que miles de hinchas pudieran despedirlo, en una jornada que reunió a simpatizantes xeneizes pero también a personas identificadas con otros clubes. River, San Lorenzo, Rosario Central, Lanús, Vélez y numerosas instituciones expresaron públicamente su dolor. Incluso aficionados de equipos rivales se acercaron a despedirlo, una muestra de la dimensión transversal que había alcanzado su figura.
Russo había conseguido algo poco frecuente en el fútbol argentino: ser identificado con varios clubes sin perder su condición de referente de ninguno. Fue campeón de la Copa Libertadores con Boca en 2007, consiguió títulos con Rosario Central y dejó huella en Lanús, Vélez, San Lorenzo y Estudiantes, además de otros destinos de su extensa carrera.
Su último capítulo como entrenador fue precisamente en Boca. Aunque su estado de salud había obligado a reducir su actividad en las últimas semanas, permaneció vinculado al plantel y a la estructura del club hasta sus últimos días.
En Bogotá, Russo había construido una relación especialmente fuerte con Millonarios. Durante su paso por el club consiguió dos títulos que quedaron grabados en la memoria de sus hinchas: la Liga de 2017, obtenida frente a Independiente Santa Fe, y la Superliga de 2018, ganada contra Atlético Nacional.
Por eso, la despedida colombiana tuvo características similares a las que se vivieron en Argentina. Días después de su muerte, cientos de hinchas se reunieron en el estadio El Campín para homenajearlo. Hubo velas, luces, cánticos y pirotecnia, mientras en las pantallas aparecía la imagen del entrenador junto a una frase que había quedado asociada para siempre a su historia personal: “Todo se cura con amor”.
Los hinchas de Millonarios volvieron a homenajearlo semanas después. En El Campín desplegaron una enorme bandera con su rostro y los dos trofeos que había conquistado en Colombia. La camiseta utilizada por el equipo también llevó aquella frase que Russo había pronunciado en 2018, después de atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida y conquistar la estrella número 15 del club.
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