La discusión sobre la presión impositiva en la Argentina volvió al centro de la escena con un dato que resume la complejidad del sistema: hoy existen 150 tributos vigentes entre impuestos, tasas, contribuciones y otros cargos distribuidos entre Nación, provincias y municipios. Pese a las promesas de simplificación y a la agenda de baja de impuestos impulsada por el Gobierno de Javier Milei, la poda real fue acotada: entre el final de la gestión de Alberto Fernández y la actual administración apenas se eliminaron cinco impuestos nacionales, mientras que en el plano subnacional no hubo recortes y, por el contrario, se consolidó el peso de las cargas provinciales y municipales.
El dato surge del “Vademécum tributario argentino 2026” del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), un relevamiento que identifica todos los tributos vigentes en el país y mide cómo se distribuye la recaudación. A ese diagnóstico se suma un informe reciente de la Fundación Libertad y Progreso, que puso el foco en la asimetría del proceso de desregulación: la Nación empezó a quitar gravámenes, pero provincias y municipios no acompañaron el movimiento.
La foto actual muestra un sistema en el que 110 de los 150 tributos, es decir el 73% del total, corresponden a provincias y municipios. Son cargas que recaen sobre la actividad económica, el patrimonio, el consumo y la operatoria cotidiana de empresas y contribuyentes. En otras palabras, la mayor parte del universo tributario argentino no está en manos del Estado nacional sino de los fiscos locales.
Según el IARAF, la reducción de cinco tributos respecto de 2025 se explica por la eliminación de impuestos internos nacionales a partir de la Ley de Modernización Laboral. Los conceptos derogados se vinculaban con vehículos automotores, objetos suntuarios, seguros, servicios de telefonía celular y embarcaciones de recreo o deportivas. Fue el único cambio concreto en la cantidad de tributos vigentes. El resto del sistema quedó intacto.
Desde la Fundación Libertad y Progreso remarcaron que esa baja a nivel nacional contrasta con la falta de reformas en el plano subnacional. “La Nación está haciendo un esfuerzo grande para poder disminuir la cantidad de impuestos, sería bueno que las provincias y los municipios acompañen ese esfuerzo”, planteó Iván Cachanosky, economista jefe de la entidad, al analizar el esquema actual.
El trabajo del IARAF permite ponerle números a esa estructura. A nivel nacional existen 40 tributos, contra 45 que regían hasta el año pasado. En cambio, provincias y municipios no redujeron su menú de gravámenes. Más aún, distintas consultoras y especialistas vienen advirtiendo que, en un contexto de caída de la coparticipación y de mayor tensión sobre las cuentas provinciales, varios distritos buscan compensar con una mayor presión sobre tributos propios, retenciones, percepciones y tasas locales.
La discusión no pasa sólo por la cantidad de impuestos, sino por cuáles son los que más pesan y qué efectos tienen sobre la actividad. En ese punto, Ingresos Brutos aparece como uno de los casos más cuestionados. La Fundación Libertad y Progreso lo ubica entre los tributos más distorsivos del sistema por su efecto “en cascada”: a diferencia del IVA, que grava el valor agregado en cada etapa, Ingresos Brutos se aplica sobre la facturación en cada eslabón de la cadena sin permitir descontar lo ya pagado. El resultado es que cuanto más larga y compleja es una cadena productiva, mayor es la carga tributaria acumulada, aun cuando no haya más rentabilidad.
EL PESO DE LOS MUNICIPIOS
La situación se vuelve todavía más pesada cuando se suma la intervención municipal. Aunque los municipios, en términos constitucionales, sólo pueden cobrar tasas como contraprestación por servicios, en la práctica muchas comunas avanzaron sobre esquemas que se parecen más a impuestos que a tasas. El ejemplo más claro es la Tasa de Inspección de Seguridad e Higiene, conocida como TISH, que en numerosos distritos toma como base imponible la facturación de las empresas, del mismo modo que Ingresos Brutos.
Ese punto es uno de los más controvertidos del sistema. En teoría, una tasa debería guardar relación con un servicio efectivamente prestado por el municipio. Sin embargo, en distintos litigios judiciales empresas cuestionaron el alcance de la TISH y plantearon que los municipios no lograban justificar con precisión qué servicio cubrían con ese cobro. Aun así, varios fallos habilitaron su continuidad, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, y el tributo terminó consolidándose como una fuente de financiamiento relevante para las comunas.
Dispersión y concentración
El relevamiento del IARAF refleja hasta qué punto esa dispersión de tributos convive con una fuerte concentración de la recaudación. Pese a la existencia de 150 gravámenes, apenas seis explican el 85% de todos los ingresos tributarios consolidados de la Argentina. Se trata del IVA, los aportes y contribuciones a la Seguridad Social, el Impuesto a las Ganancias, el impuesto provincial a los Ingresos Brutos, el impuesto sobre los Créditos y Débitos bancarios y la Tasa de Inspección de Seguridad e Higiene municipal.
La concentración es todavía mayor si se amplía el zoom. Cuando a esos seis tributos se les suman el impuesto a los combustibles, los derechos de importación, los derechos de exportación y el rubro “otros tributos municipales”, el grupo explica el 94% de la recaudación total. De ese top ten, siete son nacionales, uno es provincial y dos son municipales. El resto del centenar y medio de tributos tiene una incidencia recaudatoria marginal, pero suma burocracia, costos administrativos, litigiosidad y complejidad para quienes producen, invierten o consumen.
Dentro de esa estructura, el IVA es el principal aportante individual: representa el 25% de la recaudación consolidada. Lo siguen los aportes y contribuciones a la Seguridad Social, con el 19%, y Ganancias, con el 18%. Ingresos Brutos explica el 14,7%, el impuesto a los Créditos y Débitos bancarios aporta el 6% y la TISH municipal el 2,6%. Esos números muestran que, aunque el sistema luce atomizado, el verdadero corazón de la recaudación está concentrado en un puñado de tributos que recaen sobre el consumo, el trabajo formal, la rentabilidad empresaria, la facturación y los movimientos bancarios.
Recaudar mejor
Desde Libertad y Progreso sostienen que el problema no se agota en la cantidad de impuestos. “La Argentina no necesita 150 tributos. Necesita un sistema que recaude sobre una economía más grande, más formal y más libre. El objetivo no es recaudar menos por capricho; es recaudar mejor, con menos daño y con más crecimiento”, señaló Agustín Etchebarne, director general de la entidad.
La tensión entre simplificación tributaria y necesidad de recursos atraviesa a todos los niveles del Estado. El Gobierno nacional avanzó en la eliminación del impuesto PAIS, en la supresión de algunos impuestos internos y en una reducción de derechos de exportación y aranceles de importación para distintos sectores.
Pero ese sendero no encontró un correlato claro en las provincias, donde Ingresos Brutos sigue siendo la principal caja propia, ni en los municipios, que preservan la TISH y otras tasas ligadas a la actividad comercial.
De hecho, informes recientes del IARAF y notas publicadas en medios especializados como El Cronista advirtieron que el deterioro fiscal de las provincias durante 2025 y 2026 puede traducirse en más presión sobre tributos propios. Con Ingresos Brutos perdiendo dinamismo por el menor nivel de actividad y con una coparticipación que mostró caídas reales durante varios meses, los gobernadores y los intendentes enfrentan el dilema de ajustar el gasto o reforzar la recaudación local.
Ese telón de fondo explica por qué la baja de cinco impuestos nacionales, aun cuando marque un cambio de dirección, luce insuficiente frente al peso total del sistema. La Argentina sigue teniendo un mapa tributario recargado, con superposición de gravámenes, múltiples niveles de imposición y una fuerte dependencia de impuestos considerados distorsivos por los propios especialistas.
La conclusión que dejan los informes del IARAF y de la Fundación Libertad y Progreso es que la reforma tributaria pendiente no pasa sólo por tachar tributos de escasa recaudación, sino por revisar la arquitectura completa del sistema. En esa discusión, el rol de las provincias y los municipios aparece como la pieza que falta para cualquier intento de alivio fiscal más profundo. Porque, mientras la Nación recortó cinco impuestos, el grueso de la maraña impositiva sigue intacto y continúa descansando, sobre todo, en los niveles subnacionales.
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