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Cada vez más argentinos trabajan para el exterior y cobran en dólares

Especialistas en datos, programadores, diseñadores y profesionales de distintas áreas venden sus servicios a empresas de otros países
muchos programadores argentinos trabajan para el exterior/web

Por Redacción

La posibilidad de trabajar para una empresa de Estados Unidos, España o cualquier otro mercado del mundo sin salir de la Argentina dejó de ser una alternativa reservada a unos pocos profesionales de tecnología. El trabajo remoto internacional crece y suma a programadores, analistas de datos, diseñadores, especialistas en marketing, contadores y otros trabajadores que cobran sus servicios en dólares a través de plataformas digitales.

El fenómeno convirtió a la Argentina en una fuente de talento para compañías extranjeras y abrió una vía de ingreso de divisas que no necesita de una fábrica, un puerto o un paso por la Aduana. Los trabajadores permanecen en el país, pero sus ingresos provienen del exterior y una parte importante de ese dinero se vuelca luego al consumo local, según refleja en un artículo de opinión el empresario Martín Varsavsky, publicado en Infobae.

Según el Global Hiring Report 2026 de Deel, que reúne información sobre más de un millón de contratos en más de 150 países, la Argentina aparece como uno de los principales proveedores de talento de América latina para compañías extranjeras. Estados Unidos ocupa el primer lugar entre los países que contratan profesionales argentinos, seguido por México y España. El número de argentinos contratados desde el exterior aumentó 25% durante 2025 y cerca del 90% cobró sus ingresos en dólares, de acuerdo con ese relevamiento.

La tecnología concentra una parte importante de esta nueva modalidad laboral. Desarrollo de software, análisis de datos, inteligencia artificial y servicios vinculados con tecnología tienen una demanda creciente fuera del país. Pero el fenómeno excede al sector tecnológico: también alcanza a profesionales de recursos humanos, educación, salud, contabilidad, diseño y marketing.

El atractivo principal es la diferencia entre los ingresos que pueden obtenerse en mercados internacionales y los salarios disponibles en el mercado argentino. El informe citado ubica cerca de U$S 1.988 mensuales la mediana de ingresos de quienes cobran desde el exterior, frente a unos U$S 1.000 a comienzos de 2024. Entre quienes trabajan para una empresa extranjera, el ingreso neto ronda los U$S 1.800.

La expansión de las plataformas digitales tuvo un papel central. Empresas como Deel permiten a compañías extranjeras contratar trabajadores que viven en otros países, administrar contratos y procesar sus pagos. A la vez, billeteras y plataformas financieras digitales facilitan la recepción de fondos y ofrecen distintas alternativas para conservar dólares o convertirlos a pesos.

MONEDAS DIGITALES

Otra de las características del fenómeno es el uso de monedas digitales estables, conocidas como stablecoins. Según los datos de Deel citados por Varsavsky, la Argentina se encuentra entre los países con mayor utilización de este tipo de activos para cobrar servicios desde el exterior. Para los trabajadores, representan una alternativa frente a las restricciones cambiarias y a las dificultades que durante años existieron para acceder libremente al mercado de cambios.

El tamaño exacto de esta economía es difícil de determinar. Una parte de los trabajadores factura sus servicios de manera formal y aparece dentro de las estadísticas de exportaciones de servicios. Otra parte cobra mediante circuitos que no quedan registrados como una exportación tradicional.

Las exportaciones argentinas de servicios basados en el conocimiento alcanzaron los U$S9.600 millones en 2025, según los datos mencionados en el artículo de Infobae. El sector ya representa una porción relevante de las ventas externas del país y se ubica entre los principales complejos exportadores, detrás de actividades como la agroindustria y el sector petrolero-petroquímico.

Dentro de ese universo existe un segmento difícil de medir: profesionales que trabajan por cuenta propia para clientes o compañías del exterior y cobran directamente sus honorarios. Un relevamiento de Argencon estimó que en 2021 unos U$S1.800 millones de exportaciones de servicios no ingresaban por los canales formales. Esa cifra muestra la magnitud que puede tener una actividad que durante años tuvo incentivos para permanecer fuera del sistema.

El cambio en las condiciones cambiarias comenzó a modificar esa situación. Las normas del Banco Central elevaron en los últimos años el monto que los exportadores de servicios podían conservar en moneda extranjera sin liquidar. En septiembre de 2025, además, se eliminó el límite y la obligación de liquidar esas divisas al tipo de cambio oficial para determinados cobros. El objetivo fue reducir los incentivos para que los profesionales mantuvieran sus ingresos fuera del circuito formal.

La característica más particular de esta exportación es que no implica la salida de personas. Un programador puede prestar servicios para una compañía de California desde Rosario, La Plata, Córdoba o cualquier otra ciudad argentina. La empresa extranjera compra el trabajo, pero el profesional mantiene su residencia, paga sus gastos y consume en el país.

Esto marca una diferencia con la emigración tradicional de profesionales. En las décadas anteriores, una persona formada en la Argentina podía trasladarse a Estados Unidos o Europa y generar allí sus ingresos. En el nuevo esquema, parte de ese conocimiento se vende al exterior sin que el trabajador abandone el mercado local.

El impacto sobre la economía argentina, sin embargo, no es uniforme. Se trata de una actividad concentrada en trabajadores con determinado nivel de capacitación, dominio de idiomas y acceso a conectividad. Además, dentro de este universo existe una fuerte diferencia de ingresos.

Según datos de la plataforma Takenos citados por el artículo, el 10% de los usuarios que más cobra concentra cerca del 40% del volumen de pagos, mientras que el 1% superior recibe alrededor del 8,5%. Esto muestra que el acceso a ingresos internacionales puede mejorar de forma considerable la situación de algunos hogares, pero no constituye una solución general para el mercado laboral.

También existe un efecto fiscal. Muchos de estos trabajadores se encuentran bajo el régimen de monotributo o como independientes y realizan sus aportes dentro de esos esquemas. Una parte de sus ingresos puede quedar fuera de los mecanismos tradicionales de recaudación si los cobros se realizan mediante cuentas o plataformas del exterior.

La dimensión del fenómeno también plantea una oportunidad para el mercado laboral argentino: ampliar la cantidad de personas capaces de vender servicios al mundo sin necesidad de emigrar. Para eso resultan claves la capacitación tecnológica, el dominio del inglés, la conectividad y un marco cambiario que permita recibir y utilizar los ingresos del exterior con reglas previsibles.

La Argentina ya cuenta con una ventaja relevante: una base importante de profesionales calificados y un huso horario compatible con buena parte del mercado estadounidense. Si a eso se suma una infraestructura digital adecuada, el país puede aumentar sus exportaciones de servicios sin las grandes inversiones que requieren sectores como la energía o la minería.

El trabajo remoto internacional también modifica la relación tradicional entre empleo y territorio. Una persona puede vivir en la Argentina, trabajar para una empresa extranjera, cobrar en dólares y gastar la mayor parte de sus ingresos en comercios, servicios y actividades locales. La frontera deja de marcar el límite entre el lugar donde se trabaja y el lugar donde se vive.

El fenómeno todavía representa una porción minoritaria del mercado laboral, pero su crecimiento resulta significativo. La Argentina no solo exporta productos agrícolas, energía, minerales o manufacturas. Cada vez más, exporta servicios profesionales y conocimiento.

La diferencia es que esta nueva exportación no necesita camiones, barcos ni contenedores. Viaja por una computadora, una conexión a Internet y una plataforma de pagos. Y mientras el trabajador permanece en la Argentina, su cliente puede estar a miles de kilómetros de distancia.

El tamaño exacto de esta economía es difícil de determinar por sus características

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