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Conurbano: ¿Quién va a generar trabajo para 14 millones de personas?

Cuál es el futuro laboral de los habitantes del Conurbano / web

Por Instituto de Economía aplicada

Universidad del Este

Basta con recorrer el Conurbano bonaerense para encontrar una sucesión interminable de depósitos, centros logísticos, distribuidores, supermercados mayoristas, talleres, comercios y barrios que parecen no tener fin. Allí vive casi un tercio de la población argentina y se concentra buena parte de la actividad económica del país. Sin embargo, detrás de ese enorme movimiento aparece una pregunta de fondo: ¿hacia dónde va el Gran Buenos Aires? ¿Cuál es el destino de una región que sigue creciendo demográficamente, pero que hace años dejó de expandir su capacidad para generar empleo privado de calidad y que en el presente lo pierde de forma acelerada?

Durante buena parte del siglo XX, el crecimiento del Conurbano estuvo asociado a la industrialización. La radicación de fábricas metalúrgicas, textiles, químicas, alimenticias y automotrices convirtió a la región en el principal polo manufacturero del país. Millones de argentinos llegaron atraídos por la posibilidad de conseguir un empleo estable, mientras las ciudades crecían alrededor de parques industriales improvisados y corredores productivos desordenados y sin demasiada planificación. El desarrollo urbano era, en gran medida, una consecuencia de un desarrollo económico que aún con muchísimas limitaciones permitía sostener millones de familias y darles alguna perspectiva de progreso.

MUCHOS CAMBIOS

Hoy la realidad es diferente. El Gran Buenos Aires (24 partidos del GBA + CABA) continúa siendo el corazón económico de Argentina: concentra el 30,4% de la población nacional, una parte significativa del producto bruto (entre el 37% y 40%) y la mayor red industrial y logística del país. Sin embargo, desde hace más de una década el empleo privado registrado muestra un crecimiento muy limitado, mientras aumentan la informalidad, el trabajo independiente de baja productividad y la dependencia de programas sociales. La población siguió expandiéndose, pero el aparato productivo dejó de hacerlo al mismo ritmo.

Ese cambio también puede observarse en el paisaje urbano. Donde décadas atrás predominaban grandes establecimientos fabriles, hoy proliferan centros de distribución, depósitos, operadores logísticos y comercios mayoristas. No se trata de actividades menores: la logística y el comercio cumplen un papel indispensable en una economía moderna. Pero existe una diferencia fundamental. Mientras la industria crea valor y multiplica encadenamientos productivos, la logística y el comercio, en gran medida, distribuyen riqueza ya generada. Cuando la producción pierde dinamismo y el consumo pasa a ocupar el centro de la escena, aparecen límites evidentes para sostener el crecimiento del empleo y de los ingresos.

El interrogante sobre el futuro del Gran Buenos Aires también remite al modelo económico

Al mismo tiempo, el propio tamaño del Conurbano genera una enorme oportunidad económica. Alrededor de 14 millones de consumidores convierten a la región en el mayor mercado interno del país. Allí conviven industrias, servicios, comercio, infraestructura de transporte, universidades y recursos humanos altamente calificados. Pocas áreas metropolitanas de América Latina reúnen semejante concentración de demanda y capacidad productiva. Sin embargo, ese potencial solo puede transformarse en crecimiento si existen inversiones capaces de incrementar la productividad y generar nuevas actividades económicas.

En este contexto, el interrogante sobre el futuro del Gran Buenos Aires también remite al modelo de desarrollo económico. Las actividades que hoy aparecen como principales motores del crecimiento argentino —el complejo agroindustrial, el petróleo, el gas y la minería— poseen un enorme potencial para generar divisas y fortalecer la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, son sectores que, por su propia naturaleza, tienen una capacidad limitada para absorber la enorme oferta de trabajo que concentra el área metropolitana. Al mismo tiempo, la apertura comercial y la persistencia de elevados costos tributarios, laborales y logísticos continúan reduciendo la competitividad de buena parte de la industria manufacturera, históricamente el principal generador de empleo privado en el Conurbano.

El futuro

La discusión sobre el futuro del Gran Buenos Aires, por lo tanto, trasciende los problemas urbanos, la inseguridad o el deterioro del espacio público. La verdadera pregunta es cuál será la actividad capaz de sostener económicamente a una región donde vive uno de cada tres argentinos. Ninguna aglomeración urbana de semejante magnitud puede desarrollarse únicamente sobre la base del comercio, la logística o la asistencia estatal. Tampoco parece razonable esperar que sectores intensivos en recursos naturales, por exitosos que sean en términos exportadores, puedan absorber por sí solos la demanda laboral de millones de personas que habitan el GBA.

El destino del Conurbano dependerá, en última instancia, de si Argentina logra complementar el crecimiento de sus sectores exportadores con una estrategia que permita recuperar competitividad industrial y desarrollar nuevas actividades de mayor productividad. De lo contrario, el riesgo es consolidar una economía donde las regiones vinculadas a los recursos naturales concentren las inversiones y las exportaciones, mientras el Gran Buenos Aires continúe expandiendo su población sin un motor capaz de generar empleo formal y mejorar los ingresos de manera sostenida. Allí reside, probablemente, uno de los principales desafíos del desarrollo argentino en las próximas dos décadas.

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