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El sueldo dejó de ser suficiente para sostener el mes completo. Esa sensación, que hace algunos años aparecía asociada a determinados sectores de menores ingresos, hoy atraviesa buena parte de la sociedad y modifica hábitos de consumo, estrategias laborales y decisiones financieras. Cada vez más argentinos consideran necesario sumar otra actividad para completar el ingreso familiar, mientras el crédito pierde su tradicional función de impulsar el consumo y pasa a cubrir necesidades básicas.
La combinación de ambas tendencias describe un cambio profundo en la economía cotidiana. Los hogares no sólo estiran el salario hasta donde pueden; también recurren con mayor frecuencia al financiamiento para afrontar gastos corrientes y, al mismo tiempo, encuentran crecientes dificultades para devolver esos préstamos. El resultado ya empieza a reflejarse en los indicadores del sistema financiero.
Un relevamiento realizado por Zentrix Consultora mostró que el 86,6% de los argentinos considera que un solo empleo ya no alcanza para vivir. La cifra sintetiza un fenómeno que se volvió cada vez más habitual: el pluriempleo dejó de responder exclusivamente a una búsqueda de mejores ingresos y pasó a representar, para muchos trabajadores, la única posibilidad de equilibrar las cuentas del hogar.
Detrás de esa percepción aparece un problema que persiste pese a la desaceleración inflacionaria. El 87,4% de los consultados afirmó que su salario continúa perdiendo frente al aumento del costo de vida. La sensación atraviesa incluso a quienes respaldan al Gobierno nacional, lo que muestra que el deterioro del poder adquisitivo supera las diferencias políticas.
La consecuencia más visible aparece en el calendario. Dos de cada tres argentinos aseguran que el dinero se termina, como máximo, el día 20 de cada mes. Apenas uno de cada diez llega al cierre del período con capacidad para ahorrar.
La situación resulta todavía más compleja entre los jóvenes. En la franja de 18 a 39 años, el 85,5% manifestó quedarse sin ingresos antes de finalizar el mes. Esa realidad condiciona la posibilidad de ahorrar, dificulta la planificación y obliga a recurrir a distintas alternativas para sostener el consumo.
EL CRÉDITO SALVADOR
En ese contexto, el crédito comenzó a cumplir un papel muy distinto al que tradicionalmente ocupaba dentro de la economía familiar. El estudio indicó que el 61,9% de los encuestados tomó algún tipo de deuda durante los últimos seis meses. Sin embargo, el dato más significativo es el destino de esos préstamos: el 53,7% recurrió al financiamiento porque el ingreso ya no alcanzaba para afrontar alimentos, servicios y otros gastos esenciales. En cambio, apenas el 11,5% utilizó el crédito para adquirir bienes durables.
El cambio resulta significativo porque muestra que el financiamiento dejó de servir para mejorar el patrimonio o anticipar consumos de mayor valor. Hoy cumple una función mucho más básica: cubrir el bache que deja un salario insuficiente.
La presión sobre los ingresos también modificó las fuentes de financiamiento. Entre los jóvenes creció el recurso a prestamistas particulares y financieras informales, alternativas que suelen ofrecer dinero de manera más rápida, aunque con tasas considerablemente más elevadas y menores niveles de protección para el deudor.
El problema aparece cuando llega el momento de devolver ese dinero. Casi la mitad de quienes tomaron préstamos reconoció que tiene dificultades para cumplir con las cuotas. Cerca de tres de cada diez afirmaron que les cuesta mucho pagar, un 12% admitió haberse atrasado y un 6,4% directamente reconoció que ya no puede afrontar sus obligaciones.
No sorprende entonces que más de la mitad de los consultados considere que las tasas de interés convierten al crédito en una trampa antes que en una solución. Lo que comenzó como un recurso para atravesar un momento de estrechez económica termina, muchas veces, agravando la situación financiera del hogar.
Ingresos y percepción de clase
El deterioro del ingreso también modifica la manera en que los argentinos perciben su propia posición social. Más de la mitad de los encuestados se identifica hoy con la clase baja o la clase media baja, una señal que refleja la pérdida de capacidad de consumo y el retroceso de un sector que históricamente se reconocía como clase media.
Las preocupaciones que aparecen en la encuesta acompañan esa percepción. Aunque la corrupción encabezó el listado, inmediatamente detrás quedaron los ingresos, la incertidumbre económica, el desempleo y las tarifas de los servicios públicos. En otras palabras, el bolsillo continúa ocupando el centro de las preocupaciones cotidianas.
La encuesta también dejó otro dato relevante para el Gobierno. El 67,1% de los consultados considera que la inflación informada por el INDEC no refleja la evolución de los precios que observa en su vida diaria. Esa percepción ayuda a explicar por qué la desaceleración del índice inflacionario todavía no logra traducirse en una mejora del humor económico.
Las dificultades que describen los hogares encuentran un correlato en las estadísticas del sistema financiero. Según datos del Banco Central analizados por Oxford Economics, la morosidad de los créditos destinados a las familias alcanzó el 12,8% de la cartera total en mayo, el porcentaje más elevado desde 2005.
El informe sostuvo que el deterioro responde a una combinación de factores. Por un lado, los salarios reales permanecen prácticamente estancados. Por otro, las tasas de interés reales continúan elevadas luego de la baja de la inflación. A eso se sumó la fuerte expansión del crédito registrada durante el último año, cuando los bancos destinaron mayores recursos al financiamiento del sector privado.
Para Oxford Economics, el crecimiento de la mora no representa un riesgo para la estabilidad del sistema financiero porque las entidades cuentan con previsiones suficientes para absorber eventuales pérdidas. Sin embargo, advirtió que sí tendrá efectos sobre la economía real.
Los analistas estiman que las entidades financieras endurecerán los requisitos para acceder a nuevos préstamos y moderarán el ritmo de expansión del crédito. Ese escenario podría limitar el consumo privado, uno de los motores de la recuperación que comenzó a observarse durante 2025.
Los dos informes terminan describiendo una misma realidad. Mientras las familias buscan multiplicar las fuentes de ingreso para sostener su nivel de vida, el crédito ocupa el lugar que antes correspondía al salario. Pero esa solución tiene un límite. Cuando el financiamiento se utiliza para pagar gastos cotidianos y las cuotas comienzan a acumularse, la deuda deja de ser un puente hacia el consumo y se transforma en un síntoma de la pérdida de poder adquisitivo.
El Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora se elaboró sobre una muestra nacional de 1.468 casos relevados entre el 21 y el 30 de julio, con un margen de error estimado de ±2,1%. El análisis sobre morosidad corresponde a Oxford Economics y toma como base los datos más recientes publicados por el Banco Central sobre la evolución de los créditos al sector privado.
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