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La industria manufacturera y el comercio afrontan el segundo semestre con un escenario de expectativas empresariales marcado por la cautela. La mayoría de las compañías no espera cambios relevantes en su actividad durante los próximos tres meses y, entre quienes proyectan una modificación, las respuestas negativas tienen mayor peso que las positivas en buena parte de los principales indicadores.
El denominador común aparece en la demanda interna. Para el 52,9% de las empresas industriales consultadas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la insuficiencia de pedidos dentro del mercado argentino es el principal factor que limita la capacidad para aumentar la producción. En supermercados y autoservicios mayoristas la proporción es todavía mayor: el 63,6% señala a la falta de demanda como el principal obstáculo para incrementar la actividad comercial.
El relevamiento sobre expectativas para agosto-octubre de 2026 deja así una señal concreta sobre las decisiones que las empresas podrían tomar en el corto plazo. La mayoría opta por mantener la producción, las ventas y las dotaciones de personal en los niveles actuales, mientras una proporción mayor de compañías prevé reducir trabajadores antes que incorporarlos.
El cuadro no anticipa un derrumbe generalizado de la actividad, pero tampoco ofrece una señal contundente de recuperación. En el caso de la industria, el 70,9% de las empresas espera que su producción permanezca sin cambios durante los próximos tres meses. Solo el 13% proyecta un aumento y el 16,1% anticipa una disminución.
PRUDENCIA
La demanda interna explica buena parte de esa prudencia. Al ser consultadas sobre los factores que limitan su capacidad para producir más, el 52,9% de las firmas industriales mencionó una demanda interna insuficiente. La competencia de productos importados quedó bastante más atrás, con el 10,2%, seguida por la incertidumbre económica, con el 7,4%.
La distancia entre los distintos factores resulta significativa. Para más de la mitad de las compañías, el problema central está en la posibilidad de colocar una mayor cantidad de productos en el mercado local. Ninguno de los otros factores consultados alcanza siquiera una quinta parte de las respuestas.
Las propias expectativas sobre la demanda confirman esa percepción. El 61% de las empresas considera que sus pedidos internos no tendrán modificaciones durante el trimestre agosto-octubre. Un 22% espera una reducción y apenas el 17% proyecta un aumento. El saldo entre las respuestas positivas y negativas queda, por lo tanto, en terreno negativo.
El comportamiento de los pedidos actuales tampoco permite anticipar una expansión. La evaluación empresarial muestra una situación marcada por la cautela y ayuda a explicar por qué la mayoría de las firmas no contempla aumentar su producción. El problema no está solo en cuánto podrían fabricar, sino en cuánto creen que podrán vender.
Esa falta de impulso tiene una consecuencia directa sobre las decisiones laborales. Para los próximos tres meses, el 78,8% de las empresas industriales espera mantener sin cambios su dotación de personal. Sin embargo, el 17,1% prevé reducirla y solo el 4,1% planea incorporar trabajadores.
La diferencia es significativa: por cada empresa que anticipa una incorporación de personal, más de cuatro proyectan una reducción de su plantilla. No implica que la industria en su conjunto vaya a producir una ola de despidos, porque la gran mayoría mantendría sus dotaciones, pero sí muestra que el mercado laboral industrial conserva un saldo negativo en las expectativas.
HORAS TRABAJADAS
El comportamiento previsto para las horas trabajadas va en la misma dirección. El 79% de las compañías no espera modificaciones, mientras que el 16% considera que deberá reducir las horas y apenas el 5% estima que podrá incrementarlas. La posibilidad de ampliar la utilización de la mano de obra queda así condicionada por la falta de pedidos.
El frente externo ofrece una perspectiva algo mejor. Para las exportaciones, el 67,8% de las empresas no espera cambios, el 17,8% proyecta un aumento y el 14,5% anticipa una caída. El saldo entre respuestas positivas y negativas es, por lo tanto, levemente favorable.
La diferencia con el mercado interno resulta clara. Mientras las expectativas sobre la demanda doméstica son negativas, las ventas al exterior presentan una expectativa neta positiva. Pero la mayoría de las compañías tampoco espera un cambio en sus exportaciones, por lo que el mercado externo todavía no aparece como un motor suficiente para provocar una expansión general de la producción.
Los precios muestran otro comportamiento. El 60,7% de las empresas manufactureras espera mantener sin modificaciones sus precios promedio de venta durante los próximos tres meses. El 31,1% anticipa aumentos y el 8,2% proyecta reducciones.
El dato muestra que las expectativas de las empresas no apuntan solamente a una expansión de cantidades. Una parte importante prevé modificaciones de precios, aunque la mayoría espera estabilidad. En este punto, la industria presenta un escenario más moderado que el comercio.
SUPERMERCADOS Y AUTOSERVICIOS MAYORISTAS
El segundo relevamiento difundido por el INDEC, correspondiente a supermercados y autoservicios mayoristas, presenta un cuadro similar en cuanto a la debilidad de la actividad, pero con algunas diferencias en las expectativas.
En julio, apenas el 6,8% de las empresas comerciales calificó como buena su situación. El 64,8% la consideró normal y el 28,4% la definió como mala. El balance de situación comercial quedó en -21,6 puntos.
El nivel de ventas refleja la misma fotografía: el 64,8% de las compañías lo ubicó dentro de lo normal, el 28,4% señaló que se encuentra por debajo de lo habitual y apenas el 6,8% indicó que está por encima. La proporción de empresas con ventas inferiores a las habituales resulta, por lo tanto, más de cuatro veces superior a la de aquellas que las consideran superiores.
En este sector la falta de demanda adquiere todavía mayor peso que en la industria. El 63,6% de los supermercados y autoservicios mayoristas la señaló como el principal factor que limita su capacidad para aumentar la actividad comercial. En segundo lugar apareció el costo laboral, con el 20,5%.
La comparación con el relevamiento anterior también resulta significativa. La proporción de empresas que identifica a la demanda como principal restricción pasó del 57,3% al 63,6%. Esto implica que el consumo ganó peso como obstáculo para el crecimiento de la actividad comercial.
El resto de los factores queda a considerable distancia. El costo del financiamiento, la competencia dentro del sector y los problemas de suministro tienen una incidencia bastante menor en las respuestas.
El problema central, según la propia percepción de las compañías, está en conseguir una mayor cantidad de ventas.
Para agosto-octubre, sin embargo, el comercio muestra expectativas algo más favorables que la industria. El 80,7% de las empresas no espera cambios en su situación comercial, el 13,6% anticipa una mejora y el 5,7% prevé un deterioro. El saldo de expectativas es positivo, aunque la enorme mayoría se concentra en la opción de estabilidad.
Ese dato debe leerse junto con la situación actual. Una expectativa de mejora no significa que las empresas estén proyectando una expansión fuerte de sus ventas, sino que una parte de ellas espera salir de la situación débil que registra en la actualidad. El punto de partida es un balance comercial negativo.
El empleo vuelve a mostrar una señal de cautela. El 87,5% de las empresas comerciales no proyecta cambios en su dotación de personal durante el trimestre. Un 12,5% anticipa una reducción y ninguna de las firmas relevadas prevé incorporar trabajadores.
La fotografía es todavía más contundente que en la industria. En el comercio mayorista y supermercadista, no aparece ninguna empresa que haya informado planes de incorporación de personal para los próximos tres meses. Al mismo tiempo, una de cada ocho compañías anticipa una reducción de su dotación.
De esta manera, la debilidad de la demanda no queda limitada a las estadísticas de ventas. También influye sobre las decisiones de producción y sobre la contratación de trabajadores. Las empresas responden a la falta de pedidos y consumidores con una estrategia que prioriza la estabilidad de sus estructuras antes que la expansión.
Los precios comerciales, en cambio, presentan una señal más firme. El 60,2% de las empresas de supermercados y mayoristas indicó que sus precios promedio de venta aumentaron durante el último mes, mientras que el 37,5% informó estabilidad y el 2,3% registró bajas.
Las expectativas para el próximo trimestre mantienen esa tendencia. El 62,5% de las empresas espera nuevos aumentos de precios y el 37,5% proyecta estabilidad. Ninguna anticipa una reducción.
La situación es distinta en la industria, donde el 31,1% espera aumentos, el 60,7% estabilidad y el 8,2% una baja. El contraste muestra que, mientras las perspectivas de cantidades siguen dominadas por la estabilidad, existe una mayor proporción de empresas comerciales que espera aumentos de precios.
El financiamiento constituye otro de los puntos de cautela en el comercio. Una proporción significativa de las empresas considera difícil el acceso al crédito, mientras que solo una minoría lo califica como fácil. La situación financiera también presenta un saldo desfavorable, con más compañías que la consideran mala que aquellas que la evalúan como buena.
Los stocks, por su parte, no muestran un problema generalizado de acumulación. La mayor parte de las empresas ubica sus existencias dentro de niveles normales. Una proporción menor las considera por encima de lo habitual y otra parte las ubica por debajo. El comportamiento de los inventarios no aparece, por lo tanto, como el principal problema del sector.
El cruce entre las dos encuestas permite encontrar un patrón común. La industria y el comercio se encuentran en distintos puntos de la cadena económica, pero las respuestas empresariales apuntan hacia una misma variable: la demanda interna.
En las fábricas, la falta de pedidos restringe la posibilidad de elevar la producción. En supermercados y mayoristas, la falta de consumidores limita las ventas. En ambos casos, la consecuencia es una mayor prudencia en las decisiones empresariales.
También existe un punto de contacto en el empleo. Ninguno de los dos sectores muestra una expectativa clara de creación de puestos de trabajo para agosto-octubre. En la industria, el 17,1% de las empresas prevé reducir personal contra un 4,1% que espera aumentarlo. En supermercados y mayoristas, el 12,5% anticipa una reducción y no aparece ninguna empresa con planes de incorporación.
La diferencia es importante porque muestra que la cautela empresarial no se limita a la producción o a las ventas. También alcanza a una de las decisiones más sensibles para el mercado interno: la contratación de trabajadores.
El panorama tampoco es uniforme en todas las variables. Las exportaciones industriales presentan un saldo levemente positivo en las expectativas y el comercio espera una mejora de su situación durante el trimestre. Pero esos indicadores favorables conviven con una mayoría que no prevé cambios.
La palabra que mejor resume el informe es, por lo tanto, estabilidad, aunque se trata de una estabilidad sobre niveles que las propias empresas consideran débiles. No hay una mayoría que espere un deterioro fuerte en los próximos meses, pero tampoco existe una proporción suficiente de compañías que proyecte una expansión capaz de modificar el cuadro general.
La encuesta de tendencia de negocios del INDEC es de carácter cualitativo y funciona como complemento de los indicadores de actividad. Su valor reside en mostrar cómo las empresas evalúan su situación actual y qué decisiones esperan tomar en el corto plazo. El resultado de agosto de 2026 muestra que, pese a las expectativas de mejora que aparecen en algunos segmentos, el empresariado todavía no identifica una recuperación sólida de la demanda.
La señal más relevante está en la relación entre consumo, producción y empleo. Si los pedidos no aumentan, las fábricas tienen menos motivos para ampliar su producción; si las ventas no crecen, los comercios reducen los incentivos para aumentar sus estructuras; y si la actividad no ofrece perspectivas claras de expansión, la contratación queda relegada.
Así, el trimestre agosto-octubre se presenta con una economía empresarial más orientada a sostener que a expandir. La mayoría de las industrias mantendrá su producción, sus horas de trabajo y sus plantillas. En el comercio, la mayor parte de las empresas tampoco espera modificaciones en sus ventas y situación comercial.
El problema central señalado por los empresarios no es una falta de capacidad para producir ni un inconveniente puntual de abastecimiento. Es la dificultad para encontrar una demanda capaz de absorber una mayor cantidad de bienes y servicios. La competencia importada y los costos laborales aparecen en segundo plano frente a ese factor.
El informe deja, por lo tanto, una fotografía de cautela para los próximos meses. La industria no espera un salto en la producción y mantiene un balance negativo en materia de empleo. Los supermercados y mayoristas proyectan una leve mejora de su situación, pero parten de niveles comerciales débiles y enfrentan una demanda que una proporción creciente de empresas considera insuficiente.
Para que las expectativas empresariales cambien de signo será clave la evolución del mercado interno. Por ahora, los datos del INDEC muestran que la mayoría de las compañías no espera un deterioro adicional pronunciado, pero tampoco cuenta con suficientes señales para anticipar una recuperación sostenida. La actividad privada entra al último tramo del año con una prioridad definida: sostener el nivel existente antes que apostar por una expansión.
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