La economía de la provincia de Buenos Aires atraviesa uno de los momentos más complicados de los últimos años. La actividad volvió a retroceder en agosto, con una caída interanual del 3,3%, y acumuló una contracción del 4,4% respecto de diciembre de 2025. El deterioro alcanza a tres actividades centrales para el entramado productivo bonaerense: la industria, el comercio y la construcción, con consecuencias que ya se trasladan al empleo, las empresas y los ingresos de los hogares.
Los resultados del Estimador Mensual de Actividad Económica de la Provincia de Buenos Aires (EMAPBA), difundidos por el ministro de Economía provincial, Pablo López, muestran que la desaceleración que había comenzado durante los primeros meses del año dio paso a una fase contractiva. La administración bonaerense se encamina así a completar su segundo trimestre consecutivo de caída, una situación que expone las dificultades para sostener la producción y el consumo.
La trayectoria de los indicadores permite observar el cambio de escenario. Durante el primer trimestre de 2026, la economía provincial todavía exhibía una variación interanual positiva del 0,9%. Sin embargo, entre abril y junio el resultado pasó a ser negativo, con una baja del 0,4%. En julio, el retroceso se profundizó hasta el 3,1% y en agosto llegó al 3,3%.
La dimensión del problema no reside solamente en el resultado agregado, sino también en los sectores que explican buena parte de la contracción. La construcción registró la mayor caída interanual, con un descenso del 6,9%. El comercio perdió 6,1% y la industria manufacturera retrocedió 4,4%. También hubo resultados negativos en la intermediación financiera, con una disminución del 1,6%, y en el sector agropecuario, con una merma del 1,4%.
Por su participación dentro de la economía bonaerense, la industria fue la actividad que más incidió sobre el resultado general: restó 1,3 puntos porcentuales. El resto de las actividades aportó otros 0,9 puntos negativos, mientras que el comercio explicó 0,8 puntos y la construcción, 0,2.
Para López, el comportamiento de esos sectores no resulta casual. El funcionario señaló que la industria, la construcción y el comercio concentran una parte importante de las empresas y los puestos de trabajo de la Provincia y que, por esa razón, su desempeño tiene un efecto directo sobre el conjunto de la economía. También sostuvo que son actividades especialmente sensibles a la evolución de la demanda interna.
El deterioro productivo se traslada al mercado laboral
Uno de los datos más preocupantes del escenario bonaerense es la pérdida de puestos de trabajo. De acuerdo con las cifras difundidas por el ministro, desde noviembre de 2023 desaparecieron 104.400 empleos asalariados privados registrados en la provincia de Buenos Aires. En el resto del país se perdieron otros 163.700 puestos.
La cifra muestra que la contracción productiva excede los resultados de las estadísticas sectoriales y tiene consecuencias concretas sobre los ingresos y las condiciones de vida de miles de familias. La reducción del empleo formal también implica una menor capacidad de consumo y agrega presión sobre una economía que ya exhibe dificultades para recuperar su nivel de actividad.
Otros relevamientos permiten dimensionar la magnitud del retroceso. Un informe previo contabilizó 106.136 puestos registrados menos en unidades productivas bonaerenses entre noviembre de 2023 y mayo de 2026. Durante ese mismo período también se registró la desaparición de 8.465 empleadores.
La industria ofrece otro indicador de la profundidad de la crisis. Según un relevamiento de la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires, entre junio de 2023 y junio de 2026 cerraron 1.374 establecimientos fabriles y se perdieron 45.115 puestos de trabajo industriales.
El impacto, de todos modos, no es uniforme. Algunas actividades agroindustriales conservan mejores resultados, mientras que las ramas vinculadas con la producción automotriz, los materiales para la construcción, los textiles y otros bienes destinados al mercado interno atraviesan dificultades. En esos rubros aparecen menores volúmenes de producción, reducción de turnos, suspensiones y recortes de personal.
Dos casos recientes ilustran esa situación. Stellantis dispuso la interrupción de la producción en su planta de El Palomar desde fines de octubre, con previsión de retomar las operaciones en enero de 2027. La medida incluye el adelanto de vacaciones y suspensiones, aunque la compañía no anunció despidos asociados con esa decisión. Entre los motivos mencionó la debilidad de la demanda interna y las dificultades para colocar sus vehículos en los mercados externos.
En Campana, por otra parte, Bunge resolvió cerrar su planta de amoníaco y tiosulfato de amonio. La decisión afecta a 110 trabajadores y la empresa la fundamentó en cuestiones de viabilidad comercial, tecnológicas y de infraestructura.
Construcción y comercio, dos motores que no consiguen recuperarse
La construcción aparece como la actividad de peor desempeño en el indicador provincial de agosto. Su caída interanual del 6,9% refleja las dificultades de un sector que todavía no consigue consolidar una recuperación, pese a algunos registros de estabilización durante los últimos meses.
Un estudio de la Universidad Nacional de La Plata sobre la actividad constructora en 66 municipios bonaerenses ubicó el nivel de actividad 16,3% por debajo del registrado en el segundo trimestre de 2023. El informe mostró una variación interanual prácticamente estable en el período analizado, aunque con diferencias importantes entre distritos en materia de permisos de obra, empleo y actividad inmobiliaria.
La situación tiene una relevancia particular para la economía provincial por el efecto multiplicador de la construcción. La actividad demanda insumos industriales, transporte, servicios profesionales y mano de obra, además de sostener una extensa red de pequeñas y medianas empresas. Cuando se reduce el ritmo de las obras, el impacto alcanza a proveedores, corralones, contratistas y trabajadores de distintos oficios.
El comercio, por su parte, enfrenta un escenario condicionado por la pérdida de poder adquisitivo y la debilidad del consumo. Los datos difundidos recientemente por López mostraron que las ventas en supermercados bonaerenses cayeron 8,5% interanual en agosto y quedaron 17% por debajo de los niveles de 2023. En las grandes superficies mayoristas, la disminución interanual fue del 6,2% y el volumen de ventas se ubicó 27,4% por debajo del registrado aquel año.
Esos números ayudan a explicar la contracción del 6,1% que registró el comercio en el EMAPBA. La menor demanda repercute sobre los negocios de cercanía, las cadenas comerciales y los proveedores, en un contexto en el que los hogares priorizan gastos esenciales y restringen otras compras.
El ministro de Economía bonaerense atribuyó el deterioro a las políticas del Gobierno nacional. López cuestionó la paralización de la obra pública, las desregulaciones y el ajuste fiscal, medidas que, según su interpretación, debilitan la demanda y reducen los niveles de producción.
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