La economía argentina transita una recuperación desigual. Mientras algunos sectores exhiben cifras récord y sostienen buena parte del ingreso de divisas, otros todavía no consiguen dejar atrás la recesión. Esa brecha entre las actividades vinculadas a la energía y el agro, por un lado, y aquellas que dependen del consumo interno, por otro, aparece como una de las principales conclusiones del último informe de indicadores sectoriales elaborado por Qualy Consultora.
El relevamiento describe una economía que avanza con dos velocidades bien distintas. De un lado, Vaca Muerta continúa ampliando su producción, la refinación de petróleo gana terreno y la molienda de granos aprovecha una campaña agrícola de gran volumen. Del otro, la industria manufacturera pierde producción, la construcción no logra recuperar dinamismo y el comercio minorista enfrenta un consumidor mucho más selectivo que hace apenas dos años.
Para la consultora, el principal condicionante sigue siendo la demanda interna. Los hogares mantienen presupuestos ajustados, priorizan las compras indispensables y postergan gastos de mayor valor. A ese escenario se suma una presencia creciente de productos importados, que aumenta la competencia para buena parte de la producción nacional.
Los datos de la industria reflejan esa realidad. En mayo, el Índice de Producción Industrial Manufacturero cayó 5,7% respecto del mismo mes del año pasado y acumuló un retroceso de 3,1% en los primeros cinco meses de 2026. Si la comparación se realiza contra 2023, la producción permanece más de 12% por debajo de aquellos niveles.
La leve mejora mensual que mostró la serie desestacionalizada no alcanzó para modificar la tendencia de fondo. Qualy sostuvo que la actividad industrial continúa limitada por la debilidad del mercado doméstico y por el avance de los bienes importados, que presionan sobre numerosos rubros fabriles.
GANADORES Y PERDEDORES
Las mayores dificultades aparecen en maquinaria y equipos, textiles, indumentaria y automotores. La menor demanda de maquinaria agrícola y electrodomésticos explica parte de la caída, mientras que el ingreso de ropa importada también resta espacio a la producción local. En cambio, la refinación de petróleo y la molienda de oleaginosas constituyen las excepciones más destacadas gracias al mayor procesamiento de combustibles y al fuerte ingreso de soja y girasol a las plantas industriales.
La industria automotriz tampoco consiguió revertir esa tendencia. Durante junio, la producción total cayó 13,6% interanual y las exportaciones retrocedieron 1,7%. Aunque las ventas a concesionarios mostraron una mejora frente a mayo, impulsadas por una mayor demanda de vehículos eléctricos, el balance del semestre continúa en terreno negativo tanto en producción como en ventas internas.
La otra cara de la economía aparece en el sector energético. La producción de petróleo aumentó 18,4% interanual en mayo y la extracción no convencional avanzó 37,4%, cifras que consolidan a Vaca Muerta como el principal motor del crecimiento productivo argentino. La producción de gas también mantuvo un desempeño positivo, con una suba de 5,4% en el total y de 14,2% en el segmento no convencional.
Según Qualy, ese proceso fortalece el superávit comercial energético y modifica de manera estructural la matriz productiva del país. La Cuenca Neuquina ya concentra más de tres cuartas partes de la producción nacional de petróleo y continúa ampliando su participación gracias al desarrollo del shale.
La construcción, en cambio, sigue sin encontrar un punto de inflexión. Los despachos de cemento volvieron a caer en junio y el sector enfrenta costos de edificación más elevados que los registrados durante los últimos años. El informe señala que las empresas consideran indispensable una expansión del crédito hipotecario, financiamiento de largo plazo y una mayor inversión en infraestructura para recuperar el ritmo de actividad.
CONSUMO Y PYMES
El consumo tampoco ofrece una recuperación sólida. Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas mostraron un incremento interanual de apenas 0,9% durante junio, favorecidas por el cobro del aguinaldo y por el movimiento comercial que generó el Mundial de fútbol. Ambos factores lograron dinamizar el consumo y traccionar la demanda en rubros específicos, sosteniendo de esta manera el indicador general.
Sin embargo, la mejora no alcanzó para revertir una tendencia que sigue marcada por presupuestos familiares limitados y por una pérdida de rentabilidad entre los comerciantes, según revela un informe de la Confederación argentina de la mediana empresa (CAME).
Durante junio, las ventas minoristas del segmento pyme evidenciaron en la medición intermensual una baja del 1,3%. Con estos resultados se consolidó una retracción acumulada del 2,5% durante el primer semestre del año.
En cuanto al diagnóstico general de los comercios, el 50,1% de los encuestados señaló que su situación económica se mantuvo estable en términos interanuales, lo que representó un incremento de 1,9 puntos porcentuales frente al relevamiento de mayo. Este movimiento encontró su correlato directo en la contracción de las evaluaciones negativas, dado que la proporción de locales con un escenario operativo desfavorable se redujo del 45,1% al 43,1% durante el último mes.
Las pymes industriales tampoco logran salir del terreno negativo. La producción acumuló una caída de 6,6% en los primeros meses del año y los sectores metalúrgico, textil, maderero y de maquinaria figuran entre los más afectados por la escasez de pedidos y los altos niveles de capacidad ociosa.
El informe de Qualy deja una imagen que resume el momento económico. La estabilización macroeconómica comienza a reflejarse con claridad en los sectores más competitivos y orientados a la exportación, especialmente en energía. Sin embargo, buena parte del aparato productivo todavía espera que esa mejora llegue al mercado interno. Hasta que el consumo recupere mayor dinamismo y aparezcan nuevas fuentes de financiamiento para familias y empresas, la economía seguirá mostrando dos realidades muy diferentes bajo un mismo escenario.
El diagnóstico muestra una conclusión clara: la economía argentina continúa creciendo a dos velocidades. La energía y algunos segmentos de la agroindustria sostienen la generación de divisas y la expansión de la producción, pero el resto del aparato productivo todavía enfrenta un escenario marcado por la debilidad del consumo, la cautela empresaria y la ausencia de un proceso de recuperación que alcance a la mayoría de los sectores.
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