Universidad del Este
El Gobierno llega a esta etapa del programa económico con una serie de indicadores que muestran mejoras significativas y que explican parte del optimismo oficial y financiero sobre la economía argentina. Luego de varios años marcados por crisis cambiarias, defaults, inflación acelerada y pérdida de reservas, algunos números comenzaron efectivamente a mostrar resultados positivos. En particular, tres variables aparecen hoy como los principales emblemas del discurso económico oficial: el récord de exportaciones, el máximo de reservas internacionales y la fuerte recuperación del mercado bursátil.
Se trata de indicadores que no son menores. En una economía históricamente condicionada por la restricción externa y la fragilidad financiera, mejorar la capacidad de generar divisas, fortalecer el balance del Banco Central y recuperar acceso al financiamiento son condiciones necesarias para cualquier esquema de estabilización. El punto relevante es que, a diferencia de otros momentos del actual programa, algunos de estos datos ya no son únicamente expectativas futuras o promesas de mercado: efectivamente comenzaron a materializarse.
El primer pico es el exportador. Durante 2026, Argentina alcanzó niveles históricamente elevados de exportaciones, impulsadas principalmente por el agro y el complejo energético. La recuperación productiva tras la sequía de 2023, sumada al crecimiento sostenido de Vaca Muerta, permitió una expansión importante de las cantidades exportadas. En particular, petróleo y gas se consolidaron como uno de los motores más dinámicos del sector externo, aportando divisas genuinas y modificando parcialmente la estructura exportadora del país.
Este fenómeno es central para entender la lógica económica actual. El programa oficial necesita dólares para estabilizar expectativas y consolidar el proceso de desinflación. Y, en ese sentido, el boom exportador aparece como una pieza clave. No casualmente, gran parte de las expectativas positivas del mercado están vinculadas a la capacidad del sector energético de transformar estructuralmente la balanza comercial argentina durante los próximos años.
El segundo pico corresponde a las reservas internacionales. Después de varios años de niveles críticamente bajos y reservas netas profundamente negativas, el Banco Central logró recomponer parcialmente su posición externa. Aquí confluyen varios factores: el ingreso de divisas del sector energético y agroexportador, el financiamiento de organismos internacionales, los desembolsos asociados al FMI y recientemente la colocación de bonos locales en dólares que permitió al Tesoro quitarle menos reservas al BCRA. El jueves marcaron un pico de 48.500 millones, máximo desde septiembre del 2019, cuando ocurrió la gran fuga de capitales del Gobierno de Macri.
Igualmente, las Reservas Netas, de acuerdo a la metodología del FMI, se encuentran todavía en terreno negativo, con un valor de -6.500 millones de dólares (dato del Staff Report) y el Fondo proyecta que aún a fin de año se mantendrán en zona negativa por -1.000 millones. Más allá de las discusiones metodológicas sobre reservas netas o brutas, el dato político y financiero es relevante. El nivel de Reservas dejó de estar en zona de crisis inmediata y comenzó a transmitir cierta sensación de estabilización macroeconómica. Para una economía como la argentina, donde el stock de Reservas funciona como principal termómetro de confianza, esto tiene efectos importantes sobre expectativas, riesgo país y dinámica financiera.
El tercer pico es el del mercado bursátil. El MERVAL registró fuertes subas en dólares y se ubicó entre los mercados de mejor desempeño relativo a nivel internacional. Las acciones vinculadas a energía, bancos y empresas reguladas lideraron gran parte de esa recuperación, impulsadas por la expectativa de estabilización macroeconómica, reformas estructurales y mayores oportunidades de inversión. Actualmente, el índice se encuentra en 2.085 dólares, con un recorrido adicional de 16% hasta su máximo histórico.
El Banco Central logró recomponer al menos parcialmente su posición externa
La mejora financiera también se reflejó en la compresión del riesgo país y en una gradual recuperación de la valuación de activos argentinos. Wall Street volvió a mirar a Argentina con interés luego de muchos años de virtual exclusión financiera. El mercado apuesta a que el orden fiscal, la apertura económica y el desarrollo energético puedan inaugurar una etapa distinta para la economía local.
Sin embargo, el cuadro está lejos de ser homogéneo. Los indicadores que entusiasman al Gobierno conviven con una economía real que continúa mostrando importantes signos de fragilidad. La mejora financiera y externa todavía no logra trasladarse plenamente a la industria, el empleo y los ingresos reales. La actividad industrial continúa operando por debajo de los niveles de 2022, con sectores como metalurgia, textiles, plásticos, construcción y bienes de capital atravesando fuertes dificultades. La utilización de capacidad instalada permanece baja y el cierre de empresas sigue siendo un fenómeno extendido en numerosos sectores productivos.
Al mismo tiempo, el mercado laboral muestra deterioro: la tasa de desempleo aumentó y el empleo creado se concentra mayormente en sectores de baja productividad o menor capacidad de absorción laboral. Los ingresos reales también siguen rezagados. Aunque la desaceleración inflacionaria permitió cierta estabilización, el poder adquisitivo todavía se encuentra por debajo de niveles previos y el consumo masivo continúa débil. En muchos casos, la recuperación financiera no encuentra correlato en la vida cotidiana de amplios sectores de la población.
Aquí aparece una tensión clásica de los procesos de estabilización: la diferencia entre Wall Street y Main Street. Mientras los mercados celebran reservas, exportaciones y activos financieros, gran parte de la economía real todavía enfrenta problemas de demanda, competitividad y empleo. Los indicadores financieros muestran que algunas variables efectivamente están dando bien. La incógnita es si esos logros alcanzarán para derramar sobre el resto de la estructura productiva o si la recuperación quedará concentrada en sectores específicos vinculados a recursos naturales y finanzas.
SUSCRIBITE a esta promo especial