La economía argentina atraviesa una etapa de transición. Tras dejar atrás los momentos más críticos de la crisis macroeconómica, el escenario muestra señales de estabilización, aunque todavía lejos de consolidar un ciclo de crecimiento sostenible. Esa es la principal conclusión del último informe de la consultora Qualy, que advierte que el segundo semestre del año se presenta más complejo que los primeros meses de 2026.
Según el trabajo, la desaceleración inflacionaria continuará en los próximos meses, pero a un ritmo más lento y con mayores riesgos asociados a factores externos y domésticos. Entre ellos aparecen la reducción estacional del ingreso de divisas provenientes del agro, el impacto de los mayores costos energéticos internacionales y las tensiones vinculadas al frente cambiario.
“El segundo semestre probablemente presente un entorno más exigente que el observado durante los primeros meses del año”, señala el informe. La consultora considera que la estabilidad cambiaria actual se sostiene gracias a la liquidación de exportaciones y al atractivo financiero de las tasas en pesos, condiciones que podrían perder fortaleza a partir del tercer trimestre.
Qualy destaca que la estabilización fiscal y monetaria permitió reducir la inflación y ordenar parcialmente las expectativas. Sin embargo, remarca que el proceso todavía descansa sobre una economía con demanda interna débil, consumo deprimido y fuertes diferencias entre sectores productivos.
Uno de los datos más favorables del informe es la evolución de los precios. En abril, el Índice de Precios al Consumidor registró una suba mensual de 2,6%, la más baja del año, y acumuló un incremento de 12,3% en el primer cuatrimestre. La inflación interanual se ubicó en 32,4%. El jueves se conocerá el índice de mayo.
Para Qualy, el principal factor detrás de la desaceleración fue el comportamiento de los alimentos, que aumentaron apenas 1,5% durante el mes gracias a una mayor estabilidad en los precios de la carne. También influyó la caída de los productos estacionales.
No obstante, la consultora advierte que continúan las presiones provenientes de los precios regulados. En abril ese segmento avanzó 4,7%, impulsado por aumentos tarifarios y actualizaciones de servicios públicos. De hecho, en ocho de los últimos doce meses los regulados fueron el componente que más aumentó dentro del índice general.
La perspectiva para mayo y los meses siguientes mantiene una tendencia descendente. Sin embargo, el informe señala que todavía quedan ajustes pendientes en tarifas y que los incrementos internacionales de la energía podrían trasladarse parcialmente a los precios locales.
La preocupación aparece con más claridad en el frente mayorista. En abril, el Índice de Precios Internos al Por Mayor aumentó 5,2%, muy por encima de la inflación minorista. El salto estuvo impulsado por la suba de 22,9% en petróleo y gas, junto con aumentos en productos pesqueros y algunos alimentos afectados por cuestiones climáticas.
Para Qualy, estas presiones de costos todavía no llegaron plenamente al consumidor final debido a la debilidad de la demanda, pero representan un riesgo para la continuidad del proceso de desinflación.
Una recuperación con ganadores y perdedores
En materia de actividad, la consultora observa una mejora respecto de los primeros meses del año. El Estimador Mensual de Actividad Económica registró en marzo una suba de 3,5% respecto del mes anterior y un crecimiento interanual de 5,5%.
Sin embargo, el informe aclara que buena parte de esa recuperación responde a una base de comparación muy baja y que el crecimiento continúa concentrado en pocos sectores.
Los principales motores siguen siendo las actividades vinculadas a exportaciones y recursos naturales. Agro, minería, energía y pesca encabezan la expansión económica gracias al ingreso de divisas y a una demanda menos dependiente del mercado interno.
En cambio, los sectores ligados al consumo doméstico continúan bajo presión. La construcción muestra una caída de actividad cercana al 13% respecto de tres años atrás y una destrucción de empleo formal del 17%. La industria manufacturera acumula una baja del 11% en producción y más de 5% en puestos de trabajo.
El panorama tampoco resulta alentador para el comercio. Las ventas en supermercados siguen en terreno negativo, mientras que los autoservicios mayoristas registran caídas más pronunciadas. Según Qualy, las familias mantienen estrategias defensivas: priorizan gastos esenciales, reducen volúmenes de compra y evitan asumir nuevas deudas.
Los salarios reales tampoco muestran una recuperación significativa. Aunque algunos indicadores exhiben mejoras puntuales, la consultora sostiene que el poder adquisitivo permanece prácticamente estancado cuando se utilizan canastas de consumo actualizadas.
En el plano externo, Qualy pone el foco principalmente en la relación con el Fondo Monetario Internacional.
El organismo aprobó en mayo la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas y habilitó un desembolso de U$S1.000 millones. Con ello, los giros acumulados alcanzan aproximadamente U$S15.800 millones sobre un programa total de U$S20.000 millones.
El FMI destacó avances en materia fiscal y reformas económicas, aunque calificó el desempeño reciente como “mixto” y remarcó la persistencia de vulnerabilidades. Entre ellas aparecen la necesidad de fortalecer las reservas internacionales y garantizar un acceso sostenido a los mercados de crédito.
Las metas acordadas exigen acumular U$S3.500 millones de reservas netas para junio y U$S8.000 millones hacia fin de año. Según Qualy, el cumplimiento de esos objetivos dependerá en gran medida de las exportaciones agropecuarias y energéticas, en un contexto internacional menos favorable.
La consultora también advierte que las tasas de interés elevadas en Estados Unidos y el encarecimiento del financiamiento global complican la posibilidad de acceder a deuda externa en condiciones razonables. De acuerdo con el informe, una eventual colocación soberana requeriría rendimientos superiores al 9% anual en dólares.
En el plano monetario, Qualy observa una continuidad del proceso de ordenamiento impulsado por el Banco Central. La reducción de la emisión monetaria y la convergencia hacia tasas de interés más bajas contribuyeron a moderar la inflación y estabilizar las variables financieras.
Sin embargo, la consultora sostiene que la normalización todavía no está completa. Las reservas netas permanecen en niveles reducidos y el sistema financiero enfrenta señales de deterioro en la capacidad de pago de las familias.
El informe destaca que la morosidad en créditos personales y tarjetas de crédito alcanzó niveles que duplican los máximos observados tras la pandemia. Al mismo tiempo, el stock de financiamiento destinado al consumo continúa en retroceso.
Para Qualy, estos indicadores reflejan una realidad que atraviesa gran parte de la economía: la estabilidad macroeconómica logró avances importantes, pero todavía convive con un mercado interno debilitado y con una recuperación que depende de pocos motores productivos.
Por eso, la consultora concluye que el desafío del segundo semestre no pasará únicamente por mantener la baja de la inflación, sino también por consolidar las condiciones necesarias para transformar la actual estabilización en una etapa de crecimiento más amplia y sostenible.
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