El nuevo sistema biométrico de control fronterizo de la Unión Europea, creado para reforzar la seguridad y registrar con mayor precisión a los viajeros extracomunitarios, está causando importantes demoras en aeropuertos de todo el continente. En terminales como Bruselas, Lisboa, Ámsterdam y París se registraron filas de varias horas, pérdida de conexiones y crecientes quejas de pasajeros y aerolíneas. El sistema exige la toma de huellas dactilares y escaneos faciales de quienes ingresan o salen del espacio Schengen desde países ajenos al bloque. Sin embargo, la puesta en marcha estuvo marcada por problemas técnicos, falta de personal y quioscos biométricos que aún no funcionan.
La Comisión Europea reconoció las dificultades y evalúa ampliar el período de flexibilidad que permite suspender temporalmente la captura de datos cuando las filas se vuelven excesivas.
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