Un atentado con un paquete bomba sembró la conmoción en Mónaco, un principado acostumbrado a la tranquilidad y al lujo, pero no a hechos de violencia de esta magnitud. El ataque, ocurrido el lunes por la noche en la entrada de un exclusivo edificio de Montecarlo, tenía como aparente objetivo al empresario de origen ucraniano Vadim Ermolaev (58), una figura rodeada desde hace años por controversias financieras y sanciones internacionales.
La explosión dejó gravemente heridos al magnate, a su esposa y a su hijo de 13 años. Según las autoridades, la mujer perdió ambas piernas al intentar proteger al adolescente cuando estalló una mochila cargada con explosivos y bulones. El joven fue lanzado unos 15 metros por la onda expansiva y su padre también sufrió heridas serias. Los tres están internados en hospitales del sur de Francia, mientras otras dos personas resultaron lesionadas por los fragmentos de vidrio despedidos tras la detonación.
¿AJUSTE DE CUENTAS?
La fiscalía de Mónaco abrió una investigación por intento de asesinato y colocación de un artefacto explosivo en un lugar público. El fiscal general, Stéphane Thibault, aclaró que, por el momento, no existen elementos para considerar el hecho como un atentado terrorista y sostuvo que la principal hipótesis apunta a un ajuste de cuentas.
Las fuerzas de seguridad de Mónaco y Francia desplegaron un amplio operativo para encontrar al sospechoso, un hombre que fue registrado por cámaras de vigilancia mientras abandonaba la escena a pie. Se cree que cruzó hacia territorio francés poco después del ataque y continúa prófugo.
Ermolaev levantó un poderoso conglomerado empresarial dedicado al negocio inmobiliario, la industria del acero, la agroindustria y la producción vitivinícola. Durante años figuró entre las mayores fortunas de Ucrania gracias al desarrollo de grandes proyectos en la ciudad de Dnipro. Sin embargo, su nombre quedó envuelto en numerosas polémicas.
Tras la anexión rusa de Crimea en 2014, distintos medios y organismos ucranianos lo acusaron de comercializar vinos elaborados en la península ocupada usando diferentes certificaciones para el mercado ruso y el occidental, una maniobra que presuntamente permitía eludir sanciones internacionales. El empresario siempre negó esas denuncias y aseguró que emprendería acciones legales contra quienes las difundieran.
En 2019 renunció a la ciudadanía ucraniana y obtuvo un pasaporte chipriota. Tres años más tarde, con el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, pasó a integrar el “Batallón de Mónaco”, el nombre con el que la prensa bautizó al grupo de empresarios y oligarcas ucranianos que se instalaron en la Riviera francesa mientras eran investigados por distintas causas en su país.
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