La casa donde nació Adolf Hitler, en la localidad austríaca de Braunau am Inn, reabrió oficialmente sus puertas convertida en una comisaría policial, una decisión con la que las autoridades buscan impedir que el edificio continúe siendo un lugar de peregrinación para simpatizantes del nazismo y grupos de ultraderecha.
El inmueble, ubicado cerca de la frontera con Alemania, conserva en su exterior una piedra conmemorativa con la inscripción: “Por la libertad y la democracia. Fascismo nunca más. Millones de muertos nos lo recuerdan”. El mensaje busca reforzar el compromiso de Austria con la memoria histórica y el rechazo al totalitarismo.
Hitler nació allí el 20 de abril de 1889, aunque su familia abandonó la vivienda pocos meses después. Décadas más tarde, el dictador lideró el régimen nazi, responsable del asesinato de unos seis millones de judíos durante el Holocausto y de la persecución de otras minorías. Además, desencadenó la Segunda Guerra Mundial, conflicto que dejó al menos 60 millones de muertos antes de su suicidio en 1945.
Durante la inauguración, el ministro del Interior austríaco, Gerhard Karner, afirmó que el país debe afrontar ese “terrible legado” y asumir la responsabilidad histórica que representa el edificio. Según explicó, convertirlo en sede policial simboliza la defensa de la democracia y las libertades civiles frente al extremismo.
La remodelación demandó varios años y una inversión cercana a los 20 millones de euros. El proyecto fue posible después de un prolongado conflicto judicial que concluyó en 2017, cuando el Tribunal Supremo austríaco avaló la expropiación del inmueble, luego de que su propietaria se negara a venderlo al Estado. Aunque se evaluó demoler la casa, finalmente esa alternativa fue descartada.
El edificio fue profundamente transformado para hacerlo menos reconocible. Su fachada dejó atrás el tradicional color ocre para pasar a ser blanca, las ventanas arqueadas fueron reemplazadas por diseños rectangulares y la estructura fue modificada para reducir su valor simbólico. Incluso los restos de la demolición parcial fueron eliminados en un lugar secreto para evitar que se convirtieran en objetos de culto.
La decisión responde a una larga historia de visitas de extremistas que acudían a rendir homenaje al líder nazi. En distintas ocasiones se registraron personas fotografiándose frente a la vivienda, retirando piedras como recuerdos o dejando flores y coronas. En 2024, cuatro ciudadanos alemanes fueron sorprendidos colocando rosas blancas en las ventanas y una mujer realizó el saludo nazi mientras posaba para una fotografía, un episodio que reforzó la necesidad de dar al lugar un uso institucional y alejado de cualquier exaltación del pasado nazi.
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