Brasil se prepara para vivir este domingo una de las elecciones presidenciales más reñidas de su historia reciente. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, buscará conseguir un cuarto mandato frente al senador Flávio Bolsonaro, de 45, quien aspira a devolver el apellido de su familia al Palacio del Planalto. Más de 158 millones de ciudadanos están convocados a las urnas en un balotaje que no solo definirá el futuro político del gigante sudamericano, sino también su posicionamiento frente a Estados Unidos y el nuevo escenario regional.
La incertidumbre domina la previa. En la primera vuelta, celebrada el pasado 4 de octubre, Bolsonaro obtuvo el 47% de los votos frente al 45% de Lula, con una ventaja superior a los 2,2 millones de sufragios. Sin embargo, ninguno alcanzó la mayoría absoluta necesaria para consagrarse presidente y las encuestas posteriores muestran una competencia prácticamente empatada.
El resultado dependerá, en buena medida, del comportamiento de quienes respaldaron a otros candidatos, votaron en blanco o anularon su sufragio, así como de los millones de brasileños que no participaron de la primera vuelta. Más de 33 millones de electores, equivalentes al 21% del padrón, se ausentaron de aquella elección y ahora representan un universo decisivo para las aspiraciones de ambos postulantes.
La disputa enfrenta dos modelos políticos y económicos diferentes. Lula reivindica sus políticas sociales, el fortalecimiento del Estado y una política exterior basada en el multilateralismo. Bolsonaro propone un endurecimiento de la seguridad, una agenda conservadora y un acercamiento estratégico al presidente estadounidense Donald Trump.
Lula busca recuperar terreno
El actual mandatario llega a la definición electoral con el desafío de revertir el desgaste de su tercer período presidencial. Lula gobernó Brasil entre 2003 y 2010 y regresó al poder en enero de 2023, después de imponerse sobre Jair Bolsonaro en las elecciones de 2022.
Su trayectoria política, iniciada en el sindicalismo metalúrgico, estuvo marcada por una enorme popularidad durante sus primeros mandatos, cuando el crecimiento económico y los programas de asistencia permitieron reducir la pobreza. Sin embargo, ese respaldo se debilitó en los últimos años, en un contexto de preocupación por el costo de vida y la inseguridad.
Con índices de aprobación que llegaron a caer al 24%, el presidente desplegó una serie de medidas destinadas a recuperar apoyo electoral. Entre ellas aparecen la ampliación de los beneficios del programa Bolsa Familia, la reducción de impuestos sobre los combustibles y la condonación de deudas de 3,6 millones de pequeñas empresas.
También impulsó iniciativas vinculadas con la seguridad y la educación, mientras que en el tramo final de la campaña obtuvo un respaldo legislativo importante con la aprobación en el Senado de una reforma destinada a reducir la jornada laboral máxima de 44 a 40 horas semanales, con dos días de descanso y sin disminución salarial.
La apuesta oficialista consiste en recuperar el voto de los sectores populares, especialmente en las grandes ciudades y en las regiones donde las políticas sociales conservan una fuerte influencia.
Bolsonaro busca devolver a su familia al poder
Del otro lado, Flávio Bolsonaro intenta capitalizar el respaldo que todavía conserva su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por su participación en un intento de golpe de Estado.
El senador comenzó su carrera política a los 21 años y construyó su trayectoria dentro del espacio conservador. En esta campaña adoptó buena parte de las propuestas de su padre, aunque procuró moderar sus formas para conquistar a votantes de centro que podrían resultar determinantes en la segunda vuelta.
Su principal bandera es la seguridad. Prometió construir megaprisiones inspiradas en el modelo de El Salvador, impulsar medidas más duras contra las organizaciones criminales y permitir que determinados acusados sean juzgados como adultos desde los 16 años.
La preocupación por la delincuencia aparece entre las principales demandas del electorado brasileño y constituye uno de los puntos fuertes de su candidatura.
Bolsonaro también prometió indultar a su padre si llega a la presidencia, una decisión que podría provocar un nuevo enfrentamiento institucional.
Su campaña, sin embargo, quedó atravesada por cuestionamientos judiciales. El senador admitió haber recibido millones de dólares del banquero Daniel Vorcaro para financiar una película sobre la vida de Jair Bolsonaro y enfrenta investigaciones por presuntos delitos económicos relacionados con ese caso.
En materia ambiental, su posición también genera controversias. Aunque se comprometió a combatir la deforestación ilegal, ha cuestionado la influencia humana sobre el cambio climático, una postura especialmente sensible en un país que alberga gran parte de la selva amazónica.
Trump, Milei y el futuro de la región
La elección brasileña tiene una dimensión internacional que trasciende sus fronteras. Una victoria de Flávio Bolsonaro fortalecería el avance de gobiernos latinoamericanos alineados con Donald Trump y modificaría el equilibrio político de Sudamérica.
El presidente estadounidense ha manifestado en distintas oportunidades su simpatía por la familia Bolsonaro, mientras que Lula convirtió la defensa de la soberanía nacional en uno de los argumentos centrales de su campaña.
La relación entre Brasilia y Washington atravesó momentos de tensión durante el último año. Trump impuso aranceles del 50% a productos brasileños y cuestionó el proceso judicial contra Jair Bolsonaro. También avanzó en la designación de importantes organizaciones del narcotráfico brasileño como grupos terroristas extranjeros, una decisión rechazada por el gobierno de Lula por considerar que podría abrir la puerta a intervenciones externas.
Para el actual mandatario, Brasil debe mantener relaciones comerciales y diplomáticas con distintas potencias, incluida China, uno de sus principales socios económicos. Bolsonaro, en cambio, plantea una mayor cercanía con Washington.
El resultado también será seguido especialmente desde la Argentina. El presidente Javier Milei ha expresado una afinidad política más marcada con el espacio bolsonarista, mientras que la continuidad de Lula mantendría las diferencias ideológicas entre los gobiernos de los dos mayores socios del Mercosur.
Brasil, además, ocupa un lugar estratégico en el comercio mundial por su producción agrícola, sus reservas petroleras, sus recursos hídricos y sus minerales críticos, por lo que cualquier cambio de orientación económica y diplomática podría tener consecuencias regionales.
Los votos que pueden definir la elección
En una competencia tan ajustada, los candidatos concentraron sus últimos esfuerzos en los sectores que podrían inclinar la balanza.
El voto evangélico y conservador aparece como una de las fortalezas de Bolsonaro, mientras que Lula intenta sostener su influencia entre los trabajadores, los sectores de menores ingresos y los beneficiarios de programas sociales.
También adquieren relevancia los habitantes de las favelas, las comunidades indígenas y los brasileños residentes en el exterior, incluida la importante colectividad radicada en la Argentina.
La primera vuelta dejó además un caudal de sufragios repartido entre candidatos que quedaron fuera de competencia, como Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado. La orientación de esos votos será otro factor decisivo.
Los dos aspirantes protagonizaron debates televisivos durante la campaña, con fuertes cruces sobre la economía, la seguridad, la corrupción y el rumbo del país. En el último enfrentamiento, realizado en los estudios de Globo, en Río de Janeiro, quedaron expuestas las profundas diferencias entre ambos proyectos.
El resultado de mañana también tendrá consecuencias sobre la relación del futuro presidente con el Congreso. El Partido Liberal de Bolsonaro obtuvo una representación importante en las elecciones legislativas del 4 de octubre, con 28 de las 81 bancas del Senado y 121 de los 513 escaños de Diputados, aunque esos números no le garantizan por sí solos una mayoría parlamentaria.
Una definición que se conocerá en pocas horas
En Brasil, el voto es obligatorio y se realiza mediante un sistema electrónico que permite obtener resultados rápidamente después del cierre de los comicios.
Además de elegir presidente, los brasileños deberán resolver distintas disputas por gobernaciones que también quedaron pendientes de la primera vuelta.
El gran interrogante es si Bolsonaro conseguirá mantener la ventaja obtenida el 4 de octubre y ampliar su respaldo entre los votantes de otros espacios o si Lula logrará revertir la diferencia y alcanzar una nueva victoria electoral.
Después de una campaña marcada por la polarización, los enfrentamientos políticos y la intervención de figuras internacionales, Brasil llegará mañana a las urnas con dos proyectos antagónicos y un resultado abierto.
Lo que está en juego no es solamente quién ocupará la presidencia durante los próximos cuatro años, sino también qué lugar buscará ocupar la principal potencia sudamericana en un continente atravesado por profundos cambios políticos.
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