La huida de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos, tras su derrota electoral frente a Luiz Inácio Lula da Silva, sumó un nuevo capítulo de tensión entre Brasil y Argentina. La Cancillería brasileña convocó a la encargada de negocios de la Embajada argentina en Brasilia, María Emilia Cortés, para solicitar aclaraciones sobre el paso del senador por territorio nacional antes de abordar un avión privado con destino a Miami.
La reunión se realizó en el Palacio Itamaraty y duró apenas unos minutos. Cortés fue recibida por el jefe del Departamento de Mercosur de la Cancillería brasileña, el embajador João Marcelo Galvão de Queiroz, quien le planteó la necesidad de obtener información sobre las circunstancias en las que Bolsonaro ingresó a la Argentina y posteriormente abandonó el país.
Fuentes diplomáticas brasileñas describieron el encuentro como un procedimiento de rutina y descartaron que se tratara de una reprimenda formal contra Buenos Aires. “Es solo parte de nuestro esfuerzo en recabar información sobre lo que pasó”, señalaron desde Itamaraty, donde aseguraron que la conversación transcurrió en términos cordiales.
Sin embargo, la convocatoria constituye el primer movimiento diplomático concreto del gobierno de Lula frente a un episodio que mantiene bajo investigación a las autoridades brasileñas y que abrió interrogantes sobre la eventual colaboración de funcionarios extranjeros en la salida del senador.
Desde la Cancillería argentina confirmaron la reunión, aunque ofrecieron una interpretación diferente sobre su alcance. Según explicaron, Cortés reiteró la posición que el Gobierno ya había comunicado respecto del ingreso de Bolsonaro al territorio nacional y aseguraron que las autoridades brasileñas no solicitaron información específica sobre el eventual papel de funcionarios argentinos.
Investigación y sospechas
Flávio Bolsonaro, derrotado por Lula en el balotaje presidencial del domingo, abandonó Brasil pese a que el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes le había ordenado entregar sus pasaportes y le había prohibido salir del país en el marco de investigaciones judiciales.
De acuerdo con los registros de Migraciones, el senador ingresó a la Argentina el martes a las 22.50 a través del puente internacional Tancredo Neves, que conecta Brasil con Puerto Iguazú. Poco después, a las 0.21 del miércoles, despegó desde el aeropuerto de esa ciudad misionera en un avión privado que realizó una escala en Guayaquil, Ecuador, antes de continuar hacia Estados Unidos.
La Policía Federal brasileña intenta reconstruir el recorrido y determinar si existió algún tipo de asistencia oficial para facilitar la salida del dirigente, particularmente ante las restricciones judiciales que pesaban sobre él.
Uno de los elementos que alimentó los interrogantes fue la presencia del asesor presidencial Santiago Caputo en Misiones durante las horas en las que se desarrolló el operativo. Caputo fue identificado durante la madrugada del miércoles en un control policial, cuando se desplazaba en un convoy de vehículos de la Entidad Binacional Yacyretá procedente de Puerto Iguazú.
La coincidencia temporal y geográfica quedó bajo la atención pública, aunque por sí sola no permite establecer una participación directa del funcionario en la salida de Bolsonaro.
Ya instalado en Estados Unidos, el senador difundió una carta en la que agradeció expresamente a Javier Milei y Donald Trump por el respaldo recibido. Al mandatario argentino le reconoció su “coraje, sentido de justicia y legalidad”, mientras que al presidente estadounidense le agradeció haber permitido su ingreso junto con su familia. En una primera versión del comunicado, Bolsonaro también se proclamó “verdadero presidente electo” y denunció un supuesto fraude electoral, pese a que su propio partido, el Partido Liberal, había reconocido la victoria de Lula.
Lula busca evitar una escalada con Milei
Aunque en el entorno del presidente brasileño consideran grave la eventual participación de funcionarios extranjeros en la huida, la estrategia del Palacio del Planalto apunta a mantener el conflicto en un plano estrictamente diplomático.
La decisión responde a la intención de evitar que el episodio profundice el deterioro de las relaciones con Argentina y Estados Unidos, dos países cuyos presidentes mantienen diferencias políticas con Lula.
Por ese motivo, las autoridades brasileñas evitaron presentar la convocatoria de Cortés como una protesta formal y remarcaron que el encuentro tuvo carácter informativo.
No obstante, Brasilia mantiene abiertas otras alternativas. Entre ellas figura el envío de una comunicación oficial de mayor jerarquía, dependiendo de los resultados de la investigación de la Policía Federal, y la posibilidad de que el canciller Mauro Vieira aborde el asunto con su par argentino, Pablo Quirno, durante la reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G20 en Atlanta.
Por ahora, el gobierno brasileño descarta una intervención directa de Lula en la controversia.
El episodio se produce, además, en un contexto de relaciones bilaterales particularmente deterioradas. Desde agosto, las embajadas de ambos países funcionan a nivel de encargados de negocios, después de que Brasil decidiera reducir la representación diplomática en medio de los enfrentamientos verbales entre Milei y Lula.
En ese escenario, funcionarios brasileños consideran que actualmente no existen condiciones políticas para restablecer la presencia de su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli.
La administración de Lula también busca evitar una confrontación directa con Washington. Trump reconoció que autorizó el ingreso de Bolsonaro y su familia a Estados Unidos y calificó las elecciones brasileñas como “muy extrañas”, aunque aseguró que no pretende involucrarse en la disputa.
Mientras tanto, la investigación sobre la fuga continúa y el gobierno brasileño mantiene abierta la posibilidad de adoptar nuevas medidas diplomáticas según los resultados de las pesquisas.
La convocatoria a la representante argentina, aunque presentada oficialmente como una conversación de rutina, dejó en evidencia que Brasil pretende obtener respuestas sobre un operativo que atravesó su frontera y que amenaza con incorporar un nuevo foco de conflicto a una relación bilateral ya marcada por las diferencias entre sus presidentes.
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