La carrera contra el tiempo se vuelve cada vez más desesperada en Venezuela. A cuatro días de los devastadores terremotos que sacudieron el país, miles de rescatistas, voluntarios y familiares continuaban ayer removiendo montañas de escombros con la esperanza de encontrar sobrevivientes, aunque las posibilidades disminuyen con el paso de las horas. El último balance oficial elevó la cifra de muertos a 1.450, mientras Naciones Unidas estima que más de 50.000 personas permanecen desaparecidas y que casi siete millones resultaron afectadas por la catástrofe.
Los dos sismos, de magnitudes 7,2 y 7,5, ocurrieron con apenas segundos de diferencia el miércoles por la tarde y provocaron uno de los mayores desastres naturales registrados en la historia reciente de América Latina. La Guaira, ubicada a unos 40 kilómetros de Caracas, fue la zona más castigada. Allí, edificios enteros colapsaron como castillos de naipes y barrios completos quedaron reducidos a montañas de hormigón.
En medio del dolor, un hombre y su hijo adolescente fueron rescatados con vida ayer tras permanecer casi cuatro días atrapados bajo los escombros, un episodio que devolvió algo de esperanza a una población golpeada por la tragedia.
PANORAMA DESOLADOR
Sin embargo, la mayoría de los testimonios reflejan un panorama desolador. “No tenemos el apoyo para sacar a nuestros familiares; nosotros mismos no podemos”, lamentó Héctor Aguilera, de 60 años, quien espera recuperar los cuerpos de cuatro familiares atrapados bajo un edificio derrumbado. Dos de ellos ya fueron encontrados sin vida. “Sabemos que están muertos, pero aquí estamos esperando la respuesta de las autoridades. No tenemos esperanzas, lo que me quedan son los recuerdos”, expresó.
La indignación de los habitantes crece por la lentitud de los operativos oficiales. En Tanaguarena, un grupo de vecinos increpó a militares para que dejaran sus puestos de vigilancia y colaboraran en las tareas de rescate. “El país necesita de ustedes. Baja tu arma, baja los plomos”, gritó un hombre mientras reclamaba más manos para remover los escombros.
Con apoyo de brigadas internacionales, perros entrenados para localizar personas y helicópteros que sobrevuelan permanentemente la zona, los trabajos continúan sin descanso. Según el jefe del Parlamento, Jorge Rodríguez, al menos 189 edificios colapsaron por completo y más de 774 inmuebles sufrieron daños de distinta magnitud.
Pese a ello, especialistas y voluntarios reconocen que las probabilidades de hallar sobrevivientes disminuyen rápidamente. “No creo que haya posibilidades de vida. Lamentablemente, esa es la realidad”, afirmó José Miguel Escobar, quien participa en la remoción de escombros en un barrio de Caracas.
La ayuda internacional continúa llegando. Estados Unidos comprometió 150 millones de dólares, además del envío de buques, helicópteros y aviones de transporte. Según el gobierno, 24 países ya enviaron más de 2.700 rescatistas, 521 toneladas de ayuda humanitaria y 86 unidades caninas especializadas en la búsqueda de sobrevivientes.
El aeropuerto internacional que sirve a Caracas reanudó parcialmente sus operaciones y recibe vuelos cargados con suministros. Sin embargo, el acceso a La Guaira permanece restringido por un sistema de salvoconductos impuesto por las autoridades, una medida que generó fuertes críticas entre médicos, voluntarios y organizaciones humanitarias. “Un permiso para salvar vidas, imagínate”, protestó el rescatista Carlos Itriago.
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