El primer ministro de Canadá, Mark Carney, celebró ante el Parlamento Europeo la posibilidad de que su país se convierta en el primer miembro asociado de la Unión Europea y defendió un acercamiento que reduzca la dependencia de Estados Unidos.
Carney apoyó la propuesta de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, aunque reconoció que la “membresía asociada” todavía debe definirse. Aclaró que Canadá no busca una incorporación plena, sino una integración más profunda en comercio, defensa, minerales críticos, inteligencia artificial y energía.
La propuesta europea plantea ampliar la relación actual y crear una “Alianza para el Futuro”, concebida como un espacio común de prosperidad y seguridad económica. Von der Leyen sostuvo que Bruselas quiere llevar el vínculo con Canadá “al nivel más alto posible”. Carney recibió una ovación de pie al finalizar su discurso.
El giro diplomático tiene como telón de fondo la creciente tensión con Trump. Canadá destina alrededor del 70% de sus exportaciones a Estados Unidos, por lo que los aranceles estadounidenses representan una amenaza para su economía. Ottawa respondió con medidas comerciales y rechazó exigencias de Washington que, según Carney, afectan la soberanía canadiense. Trump también ha planteado convertir a Canadá en el estado 51 de Estados Unidos.
Ante esas declaraciones, Carney aseguró que los canadienses rechazan cualquier presión externa. “Nadie nos va a decir qué idioma hablamos. Nadie va a dictar nuestra cultura ni con quién podemos alcanzar acuerdos internacionalmente”, sostuvo.
El acercamiento con Europa ya tiene avances concretos. Canadá se convirtió este año en el primer país no europeo en incorporarse al programa SAFE de adquisiciones de defensa de la UE, dotado con 150.000 millones de euros. También avanzan conversaciones sobre energía, minerales críticos e inteligencia artificial.
Carney adelantó que la asociación deberá ser debatida por el Parlamento canadiense.
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