La industria del lujo italiana enfrenta una nueva tormenta judicial. La fiscalía de Milán ordenó registros en las sedes de once prestigiosas marcas, entre ellas Chanel, Bulgari, Etro, Moncler y Brunello Cucinelli, como parte de una investigación que busca determinar si sus cadenas de suministro recurrieron a talleres donde trabajadores chinos eran explotados en condiciones ilegales.
Los operativos, realizados por la unidad de protección laboral de los Carabinieri, apuntan a obtener documentación sobre la fabricación de fundas para prendas, bolsos y otros artículos vinculados a estas firmas. Según los investigadores, varias empresas habrían contratado a proveedores con buena reputación que, a su vez, derivaban la producción a pequeños talleres clandestinos donde se vulneraban las normas laborales.
La acusación sostiene que en esos establecimientos se empleaba a inmigrantes chinos, en algunos casos sin permisos de residencia, obligados a trabajar jornadas extenuantes, incluso durante fines de semana y festivos. Además, las inspecciones detectaron maquinaria sin medidas de seguridad, alojamientos insalubres y salarios muy inferiores a los establecidos por la legislación italiana. En algunos talleres también aparecieron etiquetas con la inscripción “Hecho en Albania”, lo que alimenta las sospechas sobre posibles maniobras para ocultar el verdadero origen de la producción.
La investigación está dirigida por el fiscal Paolo Storari y se enmarca en una ofensiva iniciada hace varios años contra las irregularidades en el sector de la moda. Anteriormente, firmas como Armani Operations, Valentino Bags, Loro Piana, Manufactures Dior, Tod’s y Alviero Martini fueron sometidas a controles especiales o a una administración judicial temporal mientras revisaban sus sistemas de supervisión sobre proveedores y subcontratistas.
Las autoridades sostienen que el problema no radica necesariamente en las grandes marcas, sino en la falta de controles efectivos sobre una compleja red de intermediarios que termina trasladando parte de la producción a talleres clandestinos. Ahora, las once empresas investigadas deberán demostrar qué mecanismos aplican para evitar abusos laborales. De no convencer a la justicia, podrían afrontar medidas similares a las impuestas anteriormente a otras firmas del sector.
El caso vuelve a poner en entredicho la imagen del prestigioso sello “Made in Italy”, considerado uno de los mayores activos de la moda italiana. Aunque el Gobierno ha defendido reiteradamente la reputación del sector, la sucesión de investigaciones refleja la creciente presión para garantizar que el lujo también cumpla con los más altos estándares laborales y de transparencia.
Brunello Cucinelli fue una de las primeras compañías en reaccionar. En un comunicado aseguró haber recibido la noticia “con sorpresa y pesar”, explicó que los productos hallados en un taller irregular no estaban destinados a la venta y afirmó que había contratado a un proveedor del Véneto tras realizar las verificaciones correspondientes. La empresa insistió en que siempre paga precios justos y que no detectó irregularidades durante sus controles.
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