China elevó el tono de su disputa con Estados Unidos al acusarlo de obstaculizar las operaciones de la gigante tecnológica Huawei en la Argentina mediante medidas que, según Beijing, vulneran la soberanía de terceros países y atentan contra los principios del libre mercado. La denuncia fue difundida por la Embajada china en Buenos Aires y se produjo en un contexto de creciente competencia geopolítica entre las dos mayores economías del mundo por su influencia en América Latina.
En un duro comunicado, la representación diplomática sostuvo que la Embajada estadounidense en la Argentina promovió deliberadamente la denominada “teoría de la amenaza china”, amplió el concepto de seguridad nacional y recurrió a la revocación de visas para impedir la cooperación entre una empresa argentina y Huawei.
Para Beijing, esa conducta constituye una injerencia directa en decisiones comerciales que deberían quedar exclusivamente bajo la órbita de las empresas y de las autoridades locales.
China calificó esas acciones como una muestra de “arrogancia y prejuicios” por parte de Washington y afirmó que representan una grave falta de respeto hacia la soberanía de otros países. Además, denunció que Estados Unidos, pese a presentarse como defensor de la democracia y de la libertad económica, no acepta que una compañía privada extranjera pueda desarrollar sus actividades con normalidad en un tercer país.
El gobierno chino sostuvo que esas prácticas dejan al descubierto una actitud “hipócrita” y reclamó a la administración estadounidense que abandone lo que definió como “maniobras políticas” destinadas a frenar el crecimiento internacional de las empresas chinas. “Instamos a la parte estadounidense a corregir su percepción sobre China y poner fin a sus prácticas hegemónicas”, expresó el portavoz de la embajada.
La controversia se inscribe en una disputa mucho más amplia. Desde hace años, Washington mantiene restricciones sobre Huawei al considerar que la empresa podría representar riesgos para la seguridad nacional, una acusación que la firma y el gobierno chino rechazan de manera sistemática. Estados Unidos también ha manifestado reiteradamente su preocupación por la expansión de la influencia económica y tecnológica de Beijing en América Latina. La tensión adquiere especial relevancia en la Argentina, donde la administración del presidente Donald Trump mantiene una estrecha relación con el gobierno de Javier Milei, mientras China continúa siendo el segundo socio comercial del país y uno de sus principales mercados para las exportaciones agroindustriales.
El comunicado de Beijing se conoció apenas un día después de otro hecho significativo en la relación bilateral: la renovación del acuerdo de intercambio de monedas, o “swap”, entre el Banco Central de la República Argentina y el Banco Popular de China. El convenio, que se extenderá por cinco años más, mantendrá una línea equivalente a 130.000 millones de yuanes, cerca de 20.000 millones de dólares, hasta 2031.
Actualmente permanece habilitado un tramo de 35.000 millones de yuanes, unos 5.000 millones de dólares, destinado a fortalecer la estabilidad financiera argentina y facilitar el comercio y las inversiones entre ambos países. El Banco Central destacó que la renovación aporta mayor previsibilidad y reafirma una cooperación iniciada en 2009, mientras el cruce diplomático por Huawei vuelve a poner en evidencia que la rivalidad entre Washington y Beijing también se juega en territorio argentino.
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