La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) subió ayer su tasa de interés de referencia en un cuarto de punto porcentual, hasta un rango de entre 3,75% y 4%, para contener una inflación que continúa por encima de su objetivo. Es el primer aumento desde julio de 2023 y también la primera gran decisión monetaria del presidente de la Fed, Kevin Warsh, designado por Donald Trump, que había reclamado tasas más bajas.
El Comité Federal de Mercado Abierto votó 12-0 y justificó el movimiento por la necesidad de lograr un retorno “más oportuno” de la inflación al objetivo del 2%. La institución señaló que la actividad económica mantiene un ritmo sólido, el gasto interno sigue resistente y la inversión de capital es robusta. El mercado laboral, por su parte, conserva un nivel de empleo suficiente.
MÁS TENSIÓN CON TRUMP
La decisión marca un nuevo punto de tensión entre la Casa Blanca y el banco central. Trump sostiene que el costo del dinero debería bajar para favorecer el crédito, la inversión y el crecimiento. Antes del encuentro, su asesor económico Kevin Hassett cuestionó la conveniencia de aumentar las tasas tan cerca de las elecciones legislativas de noviembre.
La llegada de Warsh había alimentado expectativas de un cambio de orientación por sus críticas previas a la conducción monetaria durante la etapa de alta inflación posterior a la pandemia y por su cercanía con algunas prioridades económicas de Trump. Sin embargo, el nuevo jefe de la institución respaldó una suba que contradice la demanda presidencial de abaratar el crédito.
El principal argumento de la Fed es la persistencia de las presiones sobre los precios. El índice PCE, su medida de referencia, registró en julio un aumento interanual del 3,7%, muy por encima de la meta del 2%. Las nuevas proyecciones mantienen esa cifra para fines de 2026 y prevén que baje a 2,3% en 2027 y 2,1% en 2028. El objetivo del 2% no aparecería plenamente alcanzado hasta 2029.
El problema se agravó por el aumento de los costos energéticos. El conflicto en Medio Oriente elevó el precio del petróleo y volvió a trasladar presión a las estaciones de servicio, mientras los aranceles estadounidenses también contribuyen a encarecer productos importados. La Fed no puede producir más petróleo ni eliminar los aranceles, pero sí intentar evitar que esas subas se transformen en una inflación más persistente.
Por eso, una tasa más elevada busca enfriar la demanda. Con el crédito más caro, hogares y empresas pueden postergar consumos, compras e inversiones. El efecto alcanza a las tarjetas de crédito, los préstamos para automóviles y el financiamiento empresario. Las tasas hipotecarias dependen también de los bonos del Tesoro, mientras que los ahorristas pueden beneficiarse de mejores rendimientos en depósitos y activos de renta fija.
La Fed dejó abierta la posibilidad de otra suba antes de fin de año. El promedio de las proyecciones ubica la tasa entre 4% y 4,25% al cierre de 2026, por encima del nivel anunciado. De los 19 responsables, 16 contemplan al menos otro aumento durante octubre o diciembre, aunque existe mayor división sobre 2027. La decisión queda así abierta a nuevos datos y empleo interno.
Al mismo tiempo, el banco central no prevé un deterioro severo del mercado laboral. La tasa de desempleo fue proyectada en 4,1% para fines de 2026, mientras que el crecimiento esperado para el último trimestre fue revisado al alza, hasta 2,3%, frente al 2,2% calculado en junio. La combinación permite combatir los precios sin asumir una recesión.
MERCADOS ATENTOS
Los mercados reaccionaron con atención a la duración del endurecimiento monetario. El rendimiento del bono del Tesoro a diez años superó el 5% y las acciones retrocedieron tras la decisión. Los inversores intentan determinar cuántas subas podrían seguir, mientras las próximas señales de Warsh serán clave.
La disputa también tiene una dimensión política. El poder adquisitivo de los estadounidenses es uno de los temas centrales de la campaña hacia las elecciones de medio término de noviembre, y una tasa más alta puede aumentar el costo del crédito. Pero una inflación persistentemente elevada también erosiona los ingresos reales de los hogares.
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