Las gafas inteligentes llevan años intentando hacerse un lugar, pero ahora están encontrando un uso inesperado. En China, cada vez más estudiantes las utilizan con inteligencia artificial para mejorar sus resultados… incluso en exámenes. Lo que antes parecía ciencia ficción hoy es una herramienta discreta y, para muchos, tentadora. Estos dispositivos, equipados con cámaras y audio, pueden escanear preguntas y mostrar respuestas en la lente mediante realidad aumentada. Gracias a modelos avanzados de lenguaje, el proceso es casi instantáneo y difícil de detectar. Además, su diseño ya no llama la atención: empresas como Xiaomi o Alibaba han logrado versiones que se confunden con gafas comunes. Aunque su uso está prohibido en exámenes clave, siguen circulando en pruebas escolares. En un experimento, un estudiante con estas gafas logró ubicarse entre los mejores de su clase, con notas muy por encima del promedio. El precio puede ser elevado, pero el alquiler diario las vuelve accesibles. Así, entre innovación y picardía, estas gafas abren un debate incómodo: ¿avance tecnológico o atajo poco ético?
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