En los campos de Cuba, donde hace algunos años los tractores simbolizaban el impulso de una agricultura que buscaba modernizarse, hoy los bueyes vuelven a ocupar el lugar de protagonistas. La falta de combustible, consecuencia de la profunda crisis energética que atraviesa la isla y agravada por las sanciones de Estados Unidos, obligó a muchos productores a regresar a métodos tradicionales para mantener vivas sus cosechas.
La historia de Alexander Quesada resume ese cambio. Hace una década recibió un tractor como reconocimiento por transformar un terreno abandonado en una finca productiva en Caimito, provincia de Artemisa. En aquellos años, marcados por el acercamiento entre Washington y La Habana durante la administración de Barack Obama, el turismo crecía y los restaurantes demandaban productos frescos y de mayor valor, como la rúcula. Esas ventas permitían sostener el negocio e incluso financiar nuevos proyectos, como la producción de miel orgánica.
El panorama cambió por completo. El endurecimiento de las sanciones estadounidenses y el bloqueo petrolero dispararon la escasez de combustible. Con el diésel convertido en un lujo, el tractor permanece inmóvil bajo un cobertizo mientras un par de bueyes vuelve a tirar del arado. También cambió la producción: las verduras gourmet dieron paso a cultivos más económicos, como yuca y boniato, destinados a una población con menor poder adquisitivo.
Quesada reconoce que su emprendimiento dejó de crecer y ahora lucha simplemente por sobrevivir. Sus trabajadores aseguran que la situación es incluso más complicada que la vivida durante el llamado “Período Especial” de los años noventa, cuando la desaparición de la Unión Soviética provocó una severa crisis económica en la isla.
El desafío no termina en el combustible. Agricultores como José Joaquín Rodríguez denuncian trabas burocráticas para acceder a tierras y desarrollar nuevos proyectos, mientras Cuba continúa dependiendo de la importación de gran parte de los alimentos que consume. La falta de recursos para adquirir productos básicos mantiene bajo presión tanto a productores como a consumidores.
Frente a este escenario, el Gobierno lanzó un paquete de reformas que permitirá a los agricultores gestionar explotaciones más grandes, crear empresas y facilitar las importaciones y exportaciones a través de cooperativas.
Sin embargo, especialistas advierten que los beneficios podrían concentrarse en quienes ya disponen de capital, mientras los pequeños productores temen quedar rezagados. En medio de la incertidumbre, el regreso de los bueyes a los surcos refleja mucho más que una decisión agrícola: simboliza la capacidad de adaptación de un campo que intenta seguir produciendo pese a las dificultades.
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