La intensa sequía y las temperaturas extremas están dejando una huella cada vez más profunda en Europa. Desde el campo hasta la generación de energía, la falta de agua ya golpea a buena parte del continente, con pérdidas agrícolas, ríos en mínimos históricos y crecientes dificultades para mantener operativas algunas centrales nucleares.
Uno de los sectores más afectados es el agro. En Austria, la cosecha de cereales cayó un 18,4% respecto del año pasado y quedó un 12% por debajo del promedio de los últimos cinco años. La escasez de lluvias también obligó a muchos ganaderos a adelantar el regreso del ganado desde los pastos alpinos, lo que genera preocupación por la disponibilidad de forraje para el invierno. El país atraviesa una ola de calor histórica, con temperaturas que superaron los 41 grados.
La situación tampoco da tregua en Francia. El Gobierno informó que 98 de sus 101 departamentos padecen sequía y que más de la mitad ya se encuentran en situación de crisis, con restricciones en el uso del agua. El calor adelantó además la vendimia del champán a una fecha récord: el 12 de agosto, aunque los productores confían en que la calidad de la uva no se verá afectada.
En el Reino Unido, especialistas advierten que la cosecha de este año podría convertirse en la peor registrada. El calor extremo habría reducido la producción de cereales y semillas oleaginosas en unos 2,5 millones de toneladas, con pérdidas económicas de unos 390 millones de libras para los agricultores.
La sequía también alteró el funcionamiento de algunos de los principales ríos europeos. El Danubio, que atraviesa diez países, registra niveles excepcionalmente bajos. En Hungría, varios cruceros quedaron varados y numerosas embarcaciones de carga debieron reducir su capacidad o suspender la navegación. El descenso del caudal incluso dejó al descubierto restos de mamuts prehistóricos y embarcaciones hundidas durante la Segunda Guerra Mundial.
En Rumania, la situación es aún más delicada. El bajo nivel del Danubio amenaza el funcionamiento de la única central nuclear del país, responsable de alrededor del 20% de la electricidad nacional. Las autoridades realizaron obras para elevar el nivel del río y evitar la detención completa de la planta, que ya desconectó uno de sus dos reactores por falta de agua suficiente para refrigerarlo. Como consecuencia, el Gobierno analiza postergar el cierre previsto de centrales eléctricas a carbón para garantizar el suministro energético.
Problemas similares aparecen en otros puntos del continente. La central nuclear de Krško, compartida por Eslovenia y Croacia, comenzó a reducir la potencia de su reactor debido al menor caudal y al aumento de la temperatura del río Sava, utilizado para su sistema de refrigeración.
En los Países Bajos, las autoridades adoptaron una medida inédita al cerrar las esclusas del río Nuevo Mosa para conservar agua dulce y frenar el avance del agua salada. La decisión afecta tanto a la navegación comercial como recreativa y restringe la extracción de agua superficial para municipios, empresas y particulares.
Mientras tanto, Moldavia y Ucrania siguen con preocupación la caída del nivel del río Dniéster y preparan acciones conjuntas para reducir los riesgos. Los pronósticos meteorológicos tampoco ofrecen alivio: las lluvias seguirán siendo escasas durante agosto, por lo que expertos temen que la crisis hídrica continúe agravándose en gran parte de Europa y extienda su impacto sobre la agricultura, el transporte fluvial y el abastecimiento energético.
La crisis también expone las dificultades de adaptación de la infraestructura europea a los fenómenos climáticos extremos. Aeropuertos, puertos, redes fluviales y sistemas energéticos dependen de recursos hídricos cada vez más escasos, mientras, los expertos advierten que episodios como el actual podrían volverse más frecuentes e intensos.
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