El gobierno de Estados Unidos negó este sábado haber participado directamente en la huida de Flávio Bolsonaro de Brasil, después de su derrota en las elecciones presidenciales frente a Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, reconoció que el presidente Donald Trump autorizó personalmente el ingreso del excandidato brasileño y su familia al territorio norteamericano, en medio de una creciente controversia por las circunstancias de su salida del país.
La aclaración llegó de parte del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, durante una conferencia de prensa en Atlanta, donde fue consultado sobre la posible colaboración de Washington en el traslado del dirigente brasileño.
“Nosotros no facilitamos nada”, afirmó Rubio. Y agregó: “El gobierno de Estados Unidos no participó en los arreglos que hizo con la finalidad de dejar Brasil”.
No obstante, confirmó que Trump había tomado una decisión política respecto del ingreso del excandidato. “Él tenía una visa previa y el presidente decidió permitir su entrada al país”, explicó el jefe de la diplomacia estadounidense.
Rubio también reconoció haber mantenido contactos con el canciller brasileño, aunque no brindó detalles sobre el contenido de esas conversaciones.
LA CONEXIÓN ARGENTINA
La salida de Bolsonaro quedó rodeada de interrogantes después de conocerse que utilizó un avión privado para llegar a Estados Unidos, con un recorrido que incluyó territorio argentino y una escala en Ecuador.
El excandidato viajó junto a su esposa y sus dos hijas en un Gulfstream G400, matrícula LV-JQW, perteneciente a la empresa argentina Baires Fly SA. La aeronave partió desde el aeropuerto de Cataratas del Iguazú, realizó una escala en Guayaquil para cargar combustible y continuó hacia Miami, donde aterrizó en el aeropuerto de Opa-locka.
Según revelaron The New York Times y The Wall Street Journal, Jason Miller, asesor cercano a Donald Trump, habría estado involucrado en la organización logística del traslado.
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