La estadounidense Christa Pike, de 50 años, condenada a muerte por el asesinato de una compañera de estudios cometido en 1995, sobrevivió a un intento de ejecución mediante inyección letal en Tennessee, después de recibir dos dosis del fármaco sin que las autoridades lograran provocarle la muerte. Fue trasladada a un hospital, donde permanecía en estado crítico. Pike debía convertirse en la primera mujer ejecutada en ese estado en más de 200 años.
Pike fue sujetada a una camilla y, cuando le preguntaron por sus últimas palabras, aseguró que estaba en paz y lista para morir. Sin embargo, el procedimiento comenzó a complicarse cuando los funcionarios tuvieron dificultades para encontrar una vena donde colocar la vía intravenosa.
PROBLEMAS PARA HALLAR LA VENA
Según sus abogados, el personal realizó numerosos intentos. Randy Spivey, uno de sus defensores, afirmó que contó al menos siete pinchazos en el brazo izquierdo de la reclusa. Pike incluso intentó ayudar a los funcionarios indicándoles dónde podían encontrar una vena: “Por favor, intenten aquí”, les habría dicho.
Las autoridades finalmente le administraron una primera dosis de pentobarbital, el fármaco que Tennessee utiliza para las inyecciones letales desde 2024. Sin embargo, Pike permaneció con vida y se quejó de la sensación que tenía en el brazo. Una hora después, los funcionarios le suministraron una segunda dosis, pero tampoco consiguieron provocarle la muerte.
Los periodistas presentes aseguraron que Pike todavía respiraba y que podían escucharla roncar detrás de la cortina. Más tarde, el micrófono fue desconectado. La mujer fue trasladada a un hospital y, ayer Spivey confirmó que se encontraba en estado crítico.
Los abogados sospechan que el medicamento pudo haber ingresado en el tejido del brazo en lugar de llegar al torrente sanguíneo. También señalaron que Pike padecía un trastorno sanguíneo que le provocaba dificultades para las extracciones de sangre y la colocación de agujas. Su defensa consideró lo ocurrido como un procedimiento cruel y tortuoso.
El gobernador de Tennessee, Bill Lee, calificó el episodio como “profundamente perturbador” y ordenó una revisión independiente. También suspendió indefinidamente la ejecución de Pike y la única otra prevista en el estado para este año. El Departamento de Corrección aseguró que el personal había seguido todos los pasos del protocolo legal.
El caso generó nuevas dudas sobre el método utilizado en Tennessee. En mayo, las autoridades suspendieron la ejecución de Tony Carruthers porque no consiguieron encontrar una vena adecuada. Robin Maher, directora del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, afirmó que lo ocurrido con Pike no tenía precedentes: otras siete personas habían sobrevivido a complicaciones durante ejecuciones por problemas para acceder a una vena, pero ninguna había seguido con vida después de recibir los medicamentos letales.
Pike fue condenada por el asesinato de Colleen Slemmer, de 19 años, a quien mató junto con su novio en un campamento de formación profesional. Ella tenía 18 años y su pareja, 17. El novio de Pike recibió cadena perpetua porque por su edad no podía ser condenado a muerte.
Sus abogados solicitaron clemencia y argumentaron que Pike había sufrido abusos sexuales, violencia y abandono durante su infancia.
El fracaso del procedimiento reavivó el debate sobre la pena capital y dejó a Tennessee ante una investigación para esclarecer cómo una ejecución que, según el estado, siguió el protocolo establecido terminó con la condenada todavía con vida.
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