En París ya no alcanza con pedir un café y una medialuna. Ahora, muchos clientes llegan moviendo la cola. En distintos barrios de la capital francesa comenzaron a multiplicarse las cafeterías y pastelerías pensadas especialmente para perros, donde las mascotas disfrutan de postres gourmet mientras sus dueños socializan entre cafés y selfies. En Casa del Doggo, una de las más populares, la estrella es “Merveilleux”, una golosina para perros hecha con puré de banana, queso crema, manzana y carne. Apenas la prueba, Loulou, una pequeña pomerania, lanza un entusiasta “guau”. Su dueña dice que el paseo ya es un ritual compartido. La idea surgió de Clara Zambuto, una joven parisina que notó que su perro se aburría cada vez que ella entraba a una cafetería tradicional. Así decidió crear un espacio donde humanos y mascotas pudieran disfrutar juntos. Allí no hay chocolate, cebolla ni uvas, ingredientes prohibidos para los perros, pero sí “croissants” y “baguettes” adaptados al gusto canino. Otro local de moda es Le Bone Appart, un juego de palabras inspirado en Napoleón Bonaparte. Su dueña, la estadounidense Rebecca Anhalt, quiso ofrecer un refugio para quienes aman salir con sus mascotas sin miedo a multas o restricciones. Más allá de los caprichos gastronómicos, estos cafés funcionan como verdaderos puntos de encuentro. Entre ladridos, postres y cafés, muchos parisinos descubren que hablar de perros sigue siendo la forma más fácil de romper el hielo.
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