El reloj marcaba el mediodía del 2 de abril de 1993 cuando Ellena "Ellie" Nesler abrió su bolso en el pasillo del tribunal de Jamestown, en el condado californiano de Tuolumne, extrajo una pistola semiautomática e ingresó a la sala de audiencias. A pocos metros del estrado, Daniel Mark Driver aguardaba esposado junto a su abogado defensor. Sin mediar palabras, Nesler gatilló en cinco oportunidades directas hacia la cabeza y el cuello del imputado, quien falleció de manera instantánea antes de que los agentes presentes pudieran reaccionar. Un sexto disparo fallido terminó incrustado en el revoque de la pared, mientras la autora del hecho era reducida y detenida en el acto.
Afuera del edificio, en una pequeña localidad de poco más de dos mil habitantes famosa por haber sido escenario de producciones cinematográficas del oeste norteamericano, el clima social se inclinó de inmediato hacia la comprensión y el respaldo hacia la mujer.
La trama de violencia que desembocó en el disparo se había gestado años atrás. De acuerdo con los expedientes judiciales y los registros de la Corte Suprema de California, Driver era un vagabundo con antecedentes penales por abuso infantil que había ingresado al entorno familiar tras conseguir empleo como lavaplatos en un campamento cristiano de verano. En ese lugar había permanecido el hijo menor de Nesler, Willie, entonces de siete años, durante 1988. Meses más tarde, tras manifestar conductas alteradas, episodios de hipervigilancia y temor constante a represalias, el niño confesó a sus familiares que el hombre lo había sometido a abusos aberrantes bajo amenazas de muerte hacia su madre y su hermana.
La denuncia formal se radicó en mayo de 1989, momento en el cual el acusado logró evadir a la justicia hasta fines de 1992, cuando fue recapturado por un robo menor y derivado a Tuolumne para afrontar los cargos de pedofilia. Con la fecha de la audiencia preliminar fijada para principios de abril, la tensión psicológica sobre la familia se tornó insostenible. El día señalado, el menor evidenció síntomas físicos de profundo pánico al ingresar al juzgado, un cuadro agravado cuando observó que el imputado le dirigía una sonrisa desafiante desde su sitio de detención.
Tras el homicidio, el proceso penal contra Nesler expuso una compleja controversia sobre su estado mental y el consumo de sustancias. Si bien la defensa apostó por demostrar que la acusada actuó bajo un cuadro de alienación emocional transitoria derivado de su propia historia de abusos infantiles y del calvario de su hijo, la fiscalía logró comprobar el consumo de metanfetamina durante la mañana del hecho y sostuvo la tesis de una venganza premeditada.
Durante el juicio oral realizado en la ciudad de Sonora, el jurado la declaró culpable de homicidio voluntario sin premeditación, descartando los cargos de asesinato en primer grado. Meses después, un tribunal la sentenció a diez años de prisión tras rechazar los planteos de inimputabilidad. No obstante, la condena sufrió un revés institucional en 1997, cuando la Corte Suprema de California anuló parte del proceso al comprobarse que una de las juradas había incorporado información falsa y externa obtenida en un bar sobre los supuestos hábitos de consumo y la conducta maternal de la imputada. Para entonces, Nesler ya había accedido a un acuerdo abreviado y recuperado la libertad, beneficiada también por un diagnóstico de cáncer de mama.
Los años posteriores a su liberación estuvieron marcados por el deterioro personal y recaídas en el consumo de drogas que la devolvieron a prisión en 2002 por delitos vinculados al tráfico de precursores para la fabricación de estupefacientes. En sus últimos años, la mujer reflexionó sobre el alcance de su acto en relación con el destino final de su hijo, quien arrastró graves secuelas psicológicas durante su adultez. Nesler falleció el 26 de diciembre de 2008 a los 56 años en un hospital de Sacramento, como consecuencia de la enfermedad oncológica que padecía desde hacía más de una década, dejando atrás un precedente judicial que aún hoy es objeto de estudio en las facultades de derecho penal norteamericanas.
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